‘Vozdevieja’. Infancia y Matria

Portada de Vozdevieja
Libro ‘Vozdevieja’.

La Expo’92 ha terminado y comienza un largo y reseco verano en los barrios de “los bloques” de Sevilla. Marina Marrajo, de nueve años, narra sus vivencias en primera persona, sin filtros ni mayores juicios. El costumbrismo andaluz de los lunes de colegio se plasma en el subidón que vive su barrio obrero cuando Felipe González –el galán número uno en el top ten de su abuela-vence en las elecciones: “Se supone que han ganado los nuestros. Hay gente del Betis y del Sevilla, de Izquierda Unida y del PSOE, pero del PP ni uno. Nunca he escuchado a nadie decir que fue del PP. Tienen que ser un montón. ¿Dónde estarán?”.

Ante estas categorías político-futboleras, el tiempo transcurre denso en las tardecitas de infierno en las que está terminantemente prohibido salir a la calle. Croquetas, filetes empanaos, control de esfínteres y ver la tele son actividades y recetas cotidianas en la vida de la niña. No hay internet ni wifi. Hay aventuras cotidianas contadas por madres que se reparten en diferentes nombres: “La Tata no es familia, pero vive en el piso de arriba y la conozco desde que nací. La palabra Tata tiene un significado ambiguo y tierno muy concreto. Creo que es menos que abuela pero más que tía, y sin duda más que vecina”.

También hay una masculinidad hegemónica que se mete con los vestidos estampados de Marina y hay padres ausentes que son aburridos cuando están presentes. “¿Dónde estás, papá?”. Marina no se hace la pregunta ni le importa. En su árbol genealógico sólo recuerda a quien está en cuerpo y alma: “Han pasado treinta años desde que el abuelo se murió y cuatro desde la última vez que vi a mi padre. Los apellidos paternos no significan nada, incluso estoy agradecida de no haberme visto obligada a identificarme con ellos. Mi herencia viene transmitida solo por mujeres, nadie más cuenta las historias familiares, nadie más toma las decisiones importantes”.

Marina tiene claras algunas prioridades de su existencia. La fascinación por su abuela que, según ella, “se concentra en la alegría básica de seguir existiendo” y por su madre. Sus preferencias para las amistades las tiene también de un claro meridiano. La niña que Marina está buscando tiene que verse afectada “por una curiosidad voraz hacia los temas prohibidos”. Tiene que ser, además, divertida y no dejarla nunca plantada. ¿La encontrará?

La niña Marina ya ha aprendido a identificar qué cosas cataloga la sociedad como “débil”. Va tomando apuntes de lo que es bueno y lo que no y estudia su apariencia para no convertirse en una repudiada: “Todo sería más fácil si no fuera tan repipi. Intento ocultarlo pero se me ve el plumero”. Las cosas parecen ir muy rápidas “allá fuera”: “Se empieza por las palabrotas y se acaba debajo de un puente”.

El personaje creado por Elisa Victoria (Sevilla, 1985) se va haciendo mayor con sigilo en un universo adulto lleno de escondites secretos donde se guardan las revistas guarras que a la niña le dan la vida. Los anuncios de colonia, las casas de muñecas y la cantante brasileña Xuxa son su debilidad. Pero también reconoce que esto no contradice sus otras facetas y su gusto por la literatura dirigida a un público no infantil: el Víbora, el Tótem, el Creepy, el Makoki y Zona 84. Las devora a escondidas y a solas hasta que no encuentre a una cómplice con quien compartirlas.

Elisa Victoria nos devuelve en Vozdevieja, una obra entrañable, compleja en su sencillez, llena de detalles y brutalmente bien escrita, la dignidad de las infancias: su agenda, su mirada, su espacio-tiempo, su sed por vivir a enteras, su terror porque ser adulta tenga que ver con saber mentir y cuidar las apariencias. Su preocupación por convertirse en una futura superviviente. A su personaje protagonista le ha tocado vivir, como ella expresa, en un hogar frágil y cambiante pero también fuerte, resistente y admirable. La voz de vieja de Marina genera un relato donde las mujeres son protagonistas únicas de nuestro sostén y nuestra cotidianidad. Ella las comprende y las abraza con compasión y admiración: “Ella sabe que no he nacido para ser su hija y yo sé que ella no podía sentirse más lejos de estar preparada para ser madre cuando parió. Estamos aquí por casualidad, resistiendo las tentaciones como un favor de la una para la otra”.

Sorprende que en esta descripción certera llena de “hitos” de la cotidianidad algunas críticas hayan destacado la falta de tensión en el libro o la ausencia de un conflicto central como algo negativo. Es precisamente esa ausencia de binomios enfrentados, propios de los relatos heroicos y masculinizados, lo que hace a la obra única.

Es ese lenguaje de las mujeres de su entorno lleno de hilos, costuras, ollas, vecinas, uniones y retazos lo que permite a Marina encontrar a la niña de sus sueños pasando por alto aquello que podría enfrentarlas: “Somos de porno y del Betis, ¿qué importa lo demás?”.

Desde ese idioma propio y ordinario en el que se gestiona la supervivencia diaria es de donde Marina decide empezar a hacer su genealogía. Si para Rilke la verdadera patria del hombre es la infancia; en Vozdevieja no hay patria, sino matria.


Esta reseña fue originariamente publicada en el ojopatio de Feminismo andaluz de Pikara Magazine. Bajo licencia Creative Commons.

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Mar Gallego

Contaora. Mother of cats y de este portal cósmico. #Autoinsuficiente