«Procura alegrarme la vida»

—[Rocío Jurado] Por ejemplo, “lo siento mi amor” siempre lo había dicho el hombre. “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo. Tengo una señora maravillosa, que me va muy bien y me voy con ella. Se acabó. Pero una mujer que dijera eso… Una mujer ¡nunca ha podido decir eso! Y en una mujer también ocurre.

—[Jesús Hermida] Tanto como en un hombre.

—[Rocío Jurado] Claro, porque también somos seres humanos. Se trata de igualar conceptos, de igualar situaciones… Sé de casos… muchísimos… de mujeres que se han atrevido a plantear una situación y decir “oye, lo que tú estás haciendo conmigo no es normal y, si tú sigues así, yo estoy así, estoy fastidiada y no estoy sintiendo y estoy pasándolo fatal. Procura alegrarme la vida porque de otra forma me voy a tener que pensar en otra cosa. ¡Buenamente! Divorciarme y encontrar otro amor. Mirar la forma de engrandecer y de llenar mi vida.

Estas palabras de la cantante andaluza Rocío Jurado son un claro reflejo de la intención puesta detrás de su trayectoria artística. Una mujer que iba a poner palabras a lo que antes había sido interpretado desde prismas que no reconocían los sentimientos y las ganas de sentir y de volar de muchas mujeres y que ella abordada en las letras de sus canciones sabiendo en todo momento el precedente que sentaba.

Clave es entender expresiones en estas entrevistas en las que la chipionera se declaró abiertamente feminista como las de “alegrarme la vida”, «engrandecer y llenar mi vida”o “no estoy sintiendo”. Además de mostrar temas que eran tabú para las mujeres del estado español como la masturbación femenina, el repertorio de la Jurado va más allá y es, en muchas ocasiones, un canto a la vida y al goce del cuerpo.

La exigencia de unas relaciones sexoafectivas para ellas en las que no se normalizara una ley de mínimos. Mujeres que exigen sentir, vivir, disfrutar e incluso vibrar y que no se cortan a la hora de verbalizar, incluso, que no se van a limitar a una sola opción.

La culpa por sentirnos vivas

Esta apuesta musical de décadas atrás resulta rompedora incluso hoy día en tiempos en los que los propios pensamientos críticos ponemos el acento en identificar las violencias, en hablar de responsabilidad afectiva y de relaciones sanas; pero en los que -al menos desde mi prisma- insistimos poco en que en los afectos nos sintamos plenas, alegres, agitadas o incluso divertidas. Relaciones que no solo no sean violentas sino que permitan el acceso a nuestro derecho al juego, la creatividad, la chispa.

La socialización normativa hacia las mujeres ha insistido mucho en culpabilizarnos por sentirnos vivas o incluso por buscar y anhelar este sentimiento como eje transversal de nuestra existencia. El disfrute ha sido históricamente castigado. Se desprende por omisión de algunos discursos críticos -seguramente sin esa intención- que a lo máximo que podemos aspirar es a relaciones basadas en la ausencia de… Por ejemplo, en la ausencia de violencia. Pero nos olvidamos a veces que los feminismos también podrían ser una apuesta no sólo para vivir una vida sin violencia sino también para generar una colectividad y una forma de estar en el mundo que no nos apague. Tiene sentido cuando la violencia de género se caracteriza, por ejemplo, por el incansable trabajo de los agresores por matarnos en vida. Por generarnos una cárcel sin estímulos, sin placeres. Sin, en definitiva, alegría.

Esa ley de mínimos aplicada sobre todo en relaciones heterocéntricas y que seguimos reproduciendo me recuerda a los tres elementos por los que los hombres eran una «buena opción» para las mujeres de mi entorno. Una masculinidad, también de mínimos: «que sea trabajador (es decir, que cumpla al menos con su rol proveedor), que no beba en exceso (¿para evitar violencias?), que sea limpio (básico de fondo de armario/ironía modo on)».

Básicamente la relación establecida con ellos reconoce una violencia de fondo que incluso se da por sentada. Es un «no puedo pedir más». Interesante sería en ese trabajo de deconstrucción de las masculinidades hegemónicas entender que esto conlleva sobrepasar la ley de mínimos. A veces parece que tenemos que sentirnos afortunadas porque un tipo no ejerza violencia contra nosotras. Es, por ello, que la posición de Rocío Jurado me resulta tan valiosa al exigir sentirse de una determinada manera. Al vivir una identidad de «máximos» (no sé si es ésta exactamente la palabra, pero es la que se me ocurre ahora).

El desprecio hacia Andalucía

[Dicen de esta tierra: somos una vagas. Estamos todo el día de fiesta o de siesta. No somos serias…]

El desprecio histórico hacia Andalucía, tierra de la que tanto presumió Rocío Jurado, no se limita a la situación socioeconómica vivida en este sur en comparación con otros territorios. De mayor precariedad.

El desprecio también ha tenido su base en los rasgos no hegemónicos que se asientan en la cultura andaluza y que pertenecen a su cosmovisión diversa del mundo. En este caso, los elementos por los que siempre ha sido ridiculizada  que han sido leídos de manera interesada con el fin de convertirlos en indeseables debido a su inmenso potencial transformador.

Entre ellos, una cultura donde el cuerpo y el sentir cobran un papel protagonista y en el que la conexión corporal lleva incluso a manifestaciones populares vividas de una manera peculiar aquí como la Semana Santa en la que los elementos sensitivos son claves para entenderla.

O, por ejemplo, la presencia de los tiempos para la vida tan estigmatizada desde fuera. Considerar el disfrute, el encuentro y la alegría aún como prioridades vitales ante otras que el sistema nos dice que tienen que estar primero.

En definitiva, en Andalucía aún se sabe vivir rompiendo esa lógica trampa que sitúa la vida como derecho únicamente como consecuencia de un estatus económico determinado. Porque sobrevivir, no es sinónimo a vivir. Vivir es otra cosa. Es aquello a lo que el status quo sólo nos invita si lo convierte en producto. Urge coger este concepto y dotarlo de contenido desde lo comunitario y la justicia social para que la vida deje de ser un slogan de anuncio.Como decía Audre Lorde en uno de sus poemas, “lo opuesto a vivir es sólo no hacerlo”*.

Hace tiempo que pienso -seguro que no soy la única- que los feminismos son un buen espacio para abordar y pensar  cómo es vivir más allá de la muerte y la violencia como transversalidades que nos impiden hacerlo. ¿Cómo vamos y nos vamos a enseñar a vivir?

La ausencia de alegría en las luchas me recuerda a esta cita de la obra Mesauda: «—¿Sabes, a la postre, lo que te reprocho? ¡No habernos enseñado a reír! […] No sabemos reír, por tanto no sabemos vivir».  

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Algunos temas vibrantes de Rocío Jurado

Vibro

Lejos de querer hacer de estos temas un ideario feminista coherente (término en el que no creo), quería simplemente dar una muestra de lo expresado en este artículo. En el tema Vibro, la Jurado manifiesta haber sido infiel («valió la pena hasta engañarle»). Lo que resulta interesante en este punto es el doble discurso moral en torno a las infidelidades según el género binómico del que se trate y cómo ella se atreve a interpretar estos temas a pesar del doble rasero a la hora de abordar estas situaciones.  

Lo siento mi amor

Uno de los temas más reconocidos:  “hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo”. Clave en la separación es el derecho a sentir, no parecen haber otros motivos. En la actualidad se nos sigue diciendo que  para llevar a cabo una ruptura no sentir no es motivo suficiente, mucho menos para las identidades femeninas. Dicho de otra manera, no sentirte viva no es suficiente para pasar página. Hemos normalizado demasiada perversidad.

Mi amante amigo

En este tema no sólo se da una de las confesiones más conocidas en el cancionero de la copla sino que se muestra a una mujer que tiene una relación con alguien a quien llama “amante-amigo”. Creo que sobra explicar la potencia de este concepto en boca de una mujer.

Amores a solas

Tema dedicado a la masturbación femenina. Sírvanse amiguis.

*En el poema Estataciones, Audre Lorde recoge la siguiente estrofa:

Algunas mujeres se esperan a sí mismas

al girar la siguiente esquina

y llaman paz al espacio vacío

pero lo opuesto a vivir

es sólo no hacerlo

Mar Gallego

Contaora. Felizmente Fracasada. http://margallegoes.blogspot.com