Bloque 4. Claves para la construcción de feminismos andaluces. Urbanismo, calle, carnaval y pipazos.

4.0. Si no puedo sanar, tu revolución no me interesa

Con los últimos grandes debates políticos, una se da cada vez más cuenta que lo que nos marcan los grandes medios de comunicación son nuestras conversaciones diarias, aquello sobre lo que hablaremos y las formas en que lo haremos. Es decir, aquello a que daremos importancia.

En la calle y en las redes sociales entramos a debates aparentemente cargados de diversidad y libertad que en fondo insisten en los mismos esquemas hegemónicos y binómicos de siempre. La conversación de las redes sociales viene marcada por su estructura interna: me gusta, no me gusta… Conversaciones en las que parece que nuestro sentido de identidad parece peligrar y no querer abrirse a más opciones cuando se expresa que las izquierdas y los feminismos también son lugar para la autocrítica y para los matices, para los diferentes puntos de vista y para las diferentes luchas.

La resistencia a que el feminismo enriquezca las luchas, a que tengamos la posibilidad de echar una mijilla de hierbabuena al puchero… La resistencia a la necesidad que algunas tenemos de matizar, contar nuestras historias como nuestras y no como una expresión cultural de la historia de “España”, se vive a veces como un peligro, como una “división de la lucha”.

Sin embargo, algo que nos han enseñado lso feminismo es que la universalidad no debería de imponerse, y que la lucha en singular no existe. Siempre han existido luchas invisibilizadas y que siguen siéndolo. ¿No recordáis a la expresión de tantas mujeres diciendo “¡Qué lushaaa!”. ¿A qué hacían referencia? ¿Qué cuestiones silenciadas estaban ahí? Apostar por la diversidad —también la territorial— implica entender de una vez que sumar no resta. Que sumar resta es lo que no enseña la historia única, no es lo que deberíamos enseñarnos los feminismos.


Para mí esta autocrítica pasa por situar muy bien los privilegios de las andaluzas blancas dentro de los derechos globales. El carnet de identidad de andaluzas nativas es español y esto nos cierra precisamente puertas.

No creo que sea un juego para ver quién está más oprimida, no creo que reconocer esto implique que no podamos hablar de nuestros sentires. Simplemente creo que debemos de dejar de dar la espalda a las historias que, en paralelo a la nuestra, ocurren dentro y fuera de nuestros territorios. Y esto, obviamente, lo tendremos que hacer en colectividad.

Poder saber lo que ocurre en Andalucía en 1492 aquí con la mal llamada Reconquista pero no dejar de ver qué ocurre también aquí en 1492 con la mal llamada Conquista de América. Cómo se entrelazan privilegios y opresiones, qué papel tenemos como andaluzas en conocer la historia de esclavismo que existió en nuestro pueblos*, la persecución de pueblos como el gitano o el negro, ¿dónde están esas huellas?, qué ocurre en la Frontera Sur cada día, cómo el concepto de trabajadora del hogar o interna habita también hoy una identidad distinta sometida a tantas violencias, ¿qué ocurre en los campos andaluces?


*Visibilizar lo invisible. Mujeres migradas y empleo del hogar Este informe fue presentado hace unas semanas en Granada.


Actualmente tenemos también el ciberfeminismo para poder llegar de otras maneras: con sus ventajas y sus inconvenientes.

Una de sus teóricas, Sadie Plant, vio en internet (la red de redes) la gran conversación feminizada que habían trabajado durante años las mujeres tejedoras. La red —en su forma— hace algo que tiene que ver con la unión. Como alguna vez he mencionado, el tejer simboliza un esquema discursivo y mental que no tiene nada que ver con el heteropatriarcal, racista, xenófobo (…) discurso binómico de la oposición en dos grandes bloques. Ese gran derbi futbolístico trasladado a la política y los activismos que centran su visión en pocos bloques dejando atrás muchísimas visiones, muchísimas historias que no entran dentro ni consiguen encajar.

Tendríamos que preguntarnos —y creo que sería super necesario empezar a visualizar— cómo sería esa gran manta elaborada por un feminismo que aspira a no repetir esa historia única y que aspira a crear otra conversación desde otros términos. ¿Cómo es el mundo feminista que queremos construir? ¿Cómo es vivir en vez de este constante ensayo de muerte?

Decimos querer un mundo menos individualista pero lo cierto es que nuestra identidad está atravesada por los deseos del individualismo. Entendemos que romper las paredes de nuestros edificios es más comunidatiro pero aspiramos a tener una enorme casa donde nadie nos moleste.

En definitiva, cómo es esa gran red, esa manta que el feminismo dice estar construyendo. ¿Podrá ser una manta que se arriesgue a no ser entendida desde los cánones estéticos capitalistas y hegemónicos?. ¿Cuestionará nuestras necesidades y nuestros deseos? ¿Romperá con los límites corporales actuales marcados por la individualidad? ¿Podrá ampliarlo a la comunidad? ¿Podremos ser, en definitiva, un cuerpo colectivo? ¿Sabremos ver en ello ejemplos de colectividad y vida y no de renuncias?

¿Podremos generar la política y el discurso que ponga la vida en el centro sin que el trabajo caiga de nuevo sobre los cuerpos de las mujeres que se nos van cada día demasiado jóvenes?

He llegado a la conclusión de que “Si no puedo sanar, tu revolución no me interesa”.

Es proceso de sanación colectiva tiene que estar presente también en el lenguaje. Lugar de reconocimento, como ya dije en otros bloques, y, por tanto, de sanación. Pero no sólo en él. Es tan importante la ruptura de los procesos de dolor como la forma en que decidimos romperlo y ahí toca poner en valor nuestras “rarezas” y nuestras diferentes sensibilidades a la hora de contar nuestros puntos de vista.

¿Cuáles son más fundamentales según mi mirada para hacer feminismo andaluz? Los siguientes:

1. Para mí el feminismo andaluz tiene todo que ver con los sentíos y con el cuerpo y con cuestionar el concepto de razón que tenemos (separado del cuerpo). Cuestionar la forma de generar conocimiento y el rechazo a otras formas de entender el mundo y de formar, por tanto, mundos distinos.

2. Tiene que ver con la ruptura de silencios incluso dentro de las luchas porque es la única forma de que las diferentes dinámicas sean reconocidas. No hacemos feminismo andaluz porque éste existe. Lo hacemos para que exista reconocimiento sobre lo que nos ocurre. Implica entender que, si no hablamos de andaluzofobia, no podemos hacer justicia a muchas de la cosas que nos pasan. Podemos poner el término que sea pero el factor territorial es importante y genera sus propias discriminaciones.

3. Tiene que ver con entender que la tierra es un cuerpo y un sujeto que habla. Que interactúa con lo que somos. Si tuviera que elegir un sujeto del feminismo andaluz, sería la tierra. El cuerpo territorial que también somos. Desde mi punto de vista, hablar de feminismo andaluz o de feminismo territorial no tiene solo que ver con entender que lo que somos es parte de un puzle más amplio y de una conversación espacio-temporal determinada.

Implicaría reconocer también que los territorios no son sujetos pasivos sobre los que escenificamos nuestra existencia. Sino que tienen alma, una expresión y una presencia activa, un cuerpo vivo con el que actuamos y que posibilita o imposibilita formas concretas de ser y de crear mundo. Diría, incluso, que tienen su propio agenciamiento. Eso explica por qué una ciudad o un pueblo puede cambiarnos la vida. Por qué podemos contar nuestra historia en relación con estos.

Los feminismos territoriales pueden entender el territorio como un ente vivo en continuo tránsito. ¿Qué modelos de resistencia y de vivas que merecen la pena ser vivida, puedo recoger de ahí? ¿Hay territorios disidentes al igual que hay cuerpos que construyen en la disidencia? ¿Puede Andalucía ser leída como un cuerpo disidente? No hay nada que rompa más con la imposición de historia única que entender que cada territorio tiene su propio lenguaje, siempre en tránsito.

4. Tiene que ver con cambiar los protagonismos. El feminismo del estado español tiene que empezar a contar las historias de quienes han practicado —como se ha podido— esos valores que nosotras decimos querer alcanzar. A Rosa Moneo su nieta le cuenta que van a contar su historia en un libro, a lo que ella contesta “¿pero yo tengo una historia?”.

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No pueden haber identidades que sigan sintiendo que no tienen una historia.

Para que esto cambie, muchas de las personas que se encuentran en nuestros textos como objetos de investigación tienen que empezar a aparecer como fuentes de sabiduría que sostienen nuestros argumentos. Creo que es así como se hace un feminismo sanador: tiene que poner en valor los sentíos, tiene que tener el valor de romper los silencios, tiene que recurrir a otras fuentes que a veces despreciamos y tiene que tener la valentía de tejer y de poner al mismo nivel diferentes discursos que nunca lo han estado.

Cuando un libro de recetas de una mujer de clase obrera lo coloquemos a la misma altura que una tesis académica.

5. Tiene que ver con entender que Andalucía tiene valor en la medida en que ha suspendido en seco el relato del éxito (entendido desde la productividad económica). ¿Qué identidades ha generado? ¿Qué podemos aprender de los pueblos que llevan años habitando el fracaso?

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4.1. Claves para la construcción de feminismos andaluces

Como creo que la cháchara ha sido extensa en bloques anteriores, voy a pasar a esbozar una serie de claves que considero que son fundamentales para la construcción de feminismos andaluces, además de las que ya os he ido contando a lo largo y ancho del curso. Espero que os aporte ideas tanto para contar vuestras propias historias como para emprender vuestros propios viajes.

Son para este curso claves para construir feminismo andaluces:

1. Contextualizar la situación de precariedad y discriminación social en la que se encuentra Andalucía desde una mirada feminista; con una perspectiva de género interseccional que ponga en valor las resistencias del Sur y recupere su historia silenciada.

2. Poner en valor y conocimiento general conc­eptos como andaluzofobia para un mayor entendimiento de las dinámicas discriminatorias y los dispositivos de control en torno a las identidades el estado español.

3. Abordar las prácticas discursivas y socioculturales propias de Andalucía que puedan aportar a la construcción de una sociedad feminista. El punk mola pero el carnaval también. Se puede hacer feminismo a la fresquita, en verbenas, en pueblos, a través de las artes que han sido encasilladas en los más tradicional de lo más tradicional. En todo caso, ma´s que llegar a resignificar, sentir que de alguna forma ya se ha hecho y simplemente aprovechar nuestras herramientas.

Acudir a expresiones culturales andaluzas para lanzar mensajes feministas como, por ejemplo, las sevillanas. Resignificar aquellas prácticas que, en un primer momento, no tienen relación directa con este objetivo.

4. Pensar una Andalucía desde sus raíces y desde las colectividades que han hecho posible una memoria viva y diversa y hacer una labor de memoria histórica poniendo al alcance de la sociedad el conocimiento del pasado y presente diverso de Andalucía y su múltiples manifestaciones históricas y culturales. Hacer hincapié en aquella que siguen guardando relación —aunque a veces esa relación parezca invisible— con nuestro cotidiano y que nos ayude a resistir al capitalismo, el machismo, el racismo, la xenofobia…

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5. Esta diversidad histórica andaluza puede usarse para reivindicar la “contaminación” y la diversidad. Incidir en que la Marca España sigue sosteniendo un discurso de pureza puesto que esto está en el centro de muchas discriminaciones que se producen en su interior. No sólo la andaluza.

6.Hacer una revisión de los movimientos andalucistas históricos desde el feminismo. Poner en duda la intensa reclamación que se hace del “pasado glorioso de Al-Ándalus” bajo estos términos. Una reivindicación que habitualmente se olvida de lo ordinario, en la que se siguen hablando de grandes figuras guerreras, filósofos, gobernantes… Únicamente de quienes tuvieron relación con acontecimientos bélicos o de quienes fueron grandes figuras en sus tiempos, cayendo en recuperar una memoria histórica desde patrones claramente heteropatriarcales.

Hacer más autocrítica en cuanto a que sólo se reclamen los periódos históricos de esplendor y dejar de poner ahí en el acento. La causa de la pobreza extrema es la riqueza extrema.

7. Aspirar a tejer, si es posible claro, alianzas con culturas que habitan de Despeñaperros para abajo como Extremadura, Murcia y Canarias con las que compartimos tanto saberes como opresiones.

Os dejo el artículo “Risas, acentos y resistencias” de Irene Bepop que habla de la cuestión murciana.

8. Defender fervientemente el lema feminista “lo personal es político”. Los feminismos andaluces pueden usar esta sabiduría para romper además con la imposición de los saberes establecidos en detrimento de otros saberes: el saber popular de las amas de casa, las curanderas, la gente de campo y de pueblo. En definitiva, los saberes populares y de la gente que resiste. Se ha relegado a lo privado todo este saber y queremos ponerlo en valor en lo público. Asimismo, tenemos la necesidad de destacar la importancia de que cada cual reconozca el valor de su propia historia. Todas las personas tienen una luz en su devenir que puede aportar al resto.

9. Recordar nuestros poderíos y nuestras resistencias. Ante el empoderamiento, poderío. Y de eso tenemos aquí muchísimo. Andalucía es una hemeroteca de resistencias. También pueden aprender de nosotras si quieren. Nada en contra de aprender pero no creo que se nos tenga que dar el lugar siempre de quenes nunca tienen algo que enseñar.

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10. Insistir más en la diversidad como camino para construir feminismos luchando contra el centralismo impuesto. La diversidad no es sólo patrimonio de unas cuantas personas o colectivos. La diversidad es algo que no tiene remedio.

Asimismo, hay que insistir en que acabar con la diversidad es lo que intentan partidos de ultraderecha y otros en nuestra comunidad. Y, entre sus objetivos, también está atacar la diversidad territorial con viejos discursos sobre la Reconquista.

11. Hablar de memorias colectivas y poner en valor nuestras identidades colectivos –no individualistas-. Exigir el reconocimiento de las memorias de los pueblos como identidades colectivas vivas que se manifiestan de diferentes maneras. La memoria no es un ente muerto que puede eliminarse dcon ninguna expulsión, censura o discriminación. Quedan siempre restos y urgen dejar de silenciarlos. Entender la memoria andaluza como un grito que se ha intentado insonorizar.

12. Hacer conocimiento situado. Donna Haraway acuñó este término para cambiar el concepto hegemónico de la epistemología. Lo que propuso fue que todo estudio y conocimiento tenía que ser contextualizado. Así, debemos decir cuál es nuestro punto de partida como personas ya que ningún conocimiento está desligado de la subjetividad.

13. Poner en cuestión los éxitos y nuestra identificación con el sistema productivo. ¿Adónde queremos llegar? ¿Nos lo hemos planteado? El llamado sueño americano se ha colado en nuestras redes sociales y las pantallas de nuestros móviles. En ese modelo social, no sólo hay personas exitosas y fracasadas sino que también los pueblos se califican así. Teniendo en cuenta que el éxito desde esta visión capitalista implica necesariamente desigualdad, debemos entender que aquellos territorios a quienes se les considera fracaso en realidad tienen mucho que enseñar porque son lo contrario a todas estas aspiraciones y visiones capitalistas que ponen el beneficio y la productividad en el centro de nuestras vidas.

Una compañera activista mexicana llamada Karen Dianne colgó en su Facebook hace años la siguiente frase que he compartido en varias ocasiones: “el feminismo no es una herramienta para la consecución del éxito laboral y empresarial de las mujeres. Es una herramienta que se ocupa de las vidas que fracasan, que recoge los pedazos y se interesa por las causas que otros llaman perdidas. El feminismo insiste en ellas porque el patriarcado las rechaza”.

El feminismo debe entender que el fracaso es un nombre estratégico que se ha puesto a identidades y pueblos que o no le bailan el agua al capitalismo o han sido saqueados por éste. Recoger sus sabidurías, sus emociones, reivindicaciones y experiencias es fundamental.

14. Ver la sabiduría de las mujeres andaluzas que siempre han sido despreciadas. La que nunca es contada en los libros de textos como base para la vida. La sabiduría de las intuiciones, de la experiencia directa… No todas las mujeres son iguales pero sí hemos compartido roles impuestos que han hecho que muchas de nosotras y de nuestras ancestras hayan tenido que cultivar sabiduría y resistencias de andar por casa. Para mí son mis guías y mis principales referentes.

15. Poner en valor la sabiduría de las camperas y de los pueblos. Escuchar no sólo a las ciudades, sino también qué tienen que decir desde los pueblos y desde los campos porque “antes to esto era campo”. Entender otros espacios como espacios políticos y de lucha es fundamental en una tierra donde el saber rural es mayoría. Echar un mirada distinta a sus dinámicas y no despreciarlas es un ejercicio necesario para conocer esos saberes a los que nunca se le presta atención desde lo normativo.

16. Hablar de los cuidados, poner en valor a quienes los ejecutan y pedir reparto, reconocimiento y corresponsabilidad a la vez que ponemos en valor las genealogías de los saberes de los cuidados. ¿Concebir un mundo sin cuidados? ¿A qué lleva el individualismo extremo? Poner en valor los cuidados en equidad como base de cualquier existencia que merezca la pena es nuestro trabajo. Empezar a hablar de “descuidadores” y de “descuidados”.

Corremos el peligro de no querer abordar nunca la cuestión de los cuidados. De que nos de pereza porque siempre estamos ahí. Si no lo abrodamos ¿quiénes estarán?

17. Reconocimiento de más lenguajes. El lenguaje oral y escrito no son los únicos. En Andalucía, el contacto con el cuerpo a través del arte son fundamentales para entender nuestro devenir. Fundamental argumentar que los silencios hablan, los taconazos y los sonidos y olores de las recetas también y que ahí también reside nuestras fuentes de sabiduría.

18. Reivindicar la inmensa creatividad de los pueblos machacados por la Historia. La creatividad es un derecho. Es lo que reconoce que tenemos herramientas internas. Lo que nos permite entender que, dentro de las imposiciones, hay una pequeña luz que nos hace encontrar vías. El pueblo andaluz es un pueblo creativo. Ha sabido resitir incluso con chispa. Ha sabido construir una vida que merecía la alegría, a pesar de todo.

19. Resistir con dolores y con alegrías. Las alegrías logran darnos gasolina y un sentido de comunidad que las lucha de izquierdas y feministas no podemos perder. Reírse es sanador y nos ayuda a generar mucha más identidad entre quienes compartimos objetivos. La seriedad como paradigma de la formalidad también es una imposición norteña. Nuestro pueblo ha sido alegre y triste al mismo tiempo. Y nuestra lucha también puede construir mientras nos reímos.

20. Será antirracista o no será. Antiracista, antigitana, antixenófoba, antifascista… La realidad nos a a explotar en la cara. Ser frontera implica tener muchas de esta situaciones delante. Implicación en luchas fronterizas, denuncia de todo lo que ocurre a causa de una injusta Ley de Extranjería.

21. Conversar de manera intergeneracional. Andalucía siempre fue una tierra de niñas y viejas. No dejemos de hablar entre nosotras.

22. Conversar con nuestras muertas y nuestras fantasmas. Sacar a nuestras brujas andaluzas. Romper con esa idea de que no están presentes. Recuperar el lenguaje de los sueños, los presentimientos… Con nuestras “fantasmas” nos conecta un hilo corporal que nos susurra y nos cuenta. Escuchemos con todo el cuerpo lo que tienen que decirnos.

Creo que he hecho un enorme resumen de lo que entiendo que es feminismo andaluz desde mi sentir. Espero que este curso os haya dejado una semilla parecida a la que yo recibí de mujeres que me hicieron sentir eso. Quiero “despedirme” con una frase que la cantante de hip hop guatemalteca Rebeca Lane expresó en una mesa que compartimos durante dos días:

“Es en lo popular donde se sostiene la red de la vida”

¡Muchísimas gracias por haber querido estar aquí!

Y por todo.

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