Bloque 3.¡Qué poderío!

Como somos más que letras, ahí otra lista pa poner la banda sonora a este bloque. Me gustaría que el material sonoro también se viera como parte de un todo ya que, como ya hemos dicho, hay muchas formas de expresar el mundo y a veces sólo tenemos en cuenta las escritas. Hay muchas canciones en esta lista que hablan de la tierra.

Os dejo aquí el enlace de la misma.

Las mujeres andaluzas de clase obrera y el pueblo andaluz en general han participado en cada rincón y capítulo (oficial o no) de la historia del estado español. Sí, las mujeres también.  Nuestra reivindicación no pasa únicamente por que “nos dejen” –si  es que tenemos que pedir permiso- hacerlo más; sino porque se reconozco todo lo que hicimos a pesar, incluso de habérnoslo impedido. Es ésa la paradoja del reconocimiento del paso de las mujeres por la Historia.

A pesar de que hemos hablado también aquí de la importancia de reconocer todo lo que la Historia oficial ha negado: los cuidados, lo que sostiene lo ordinario; tampoco puedo dejar de decir que, como se mencionó en el Bloque primero, “una cosa no quita la otra” y que que las mujeres andaluzas de clase obrera hayan habitado lo privado y lo público desde la precariedad y ante un público que siempre ignoró nuestras estrategias de supervivencia, no podemos caer en el error de pensar que únicamente hemos habitado lo que la mirada única nos dice.

Las mujeres andaluzas hemos participado y hecho revoluciones y revueltas, hemos alzado la voz ante políticas e injusticias. Es hora de empezar a romper los binomios que nos dijeron que las “manos que mecieron las cunas” no hicieron nada más. Por ello, me parece fundamental comenzar a hablar de INCIDENCIA POLÍTICA EN EL ÁMBITO PÚBLICO y hacer un recorrido por aquellas iniciativas conjuntas y mujeres particulares que irrumpieron a lo público sin renunciar a su lenguaje y a sus formas andaluzas diversas.

3.0. La revolución de la hierbabuena. Mujeres obreras andaluzas e incidencia política en el ámbito público

Si pensamos en los lugares donde se desarrolla eso que llamamos “política”, ¿en qué pensamos? Seguramente se nos venga a la cabeza un salón de pleno, un Congreso, un sindicato, una manifestación en la calle…

Históricamente, han existido varios elementos —además de la política en sí— que han excluido a las mujeres de los espacios considerados políticos (porque ya hemos visto que también son políticos aquellos que no vemos como tal). El propio término “parlamento” viene de “parlar”. O sea, “hablar”. Y ¿qué ha pasado siempre con las mujeres? Pues que históricamente se nos ha negado tener la palabra. ¿Por qué? Porque nosotras hemos venío a escuchá na más….

Si tuviera la oportunidad de teneros en frente, os preguntaría ¿a cuántas de vosotras se os ha mandado a callar alguna vez?. ¿Desde que érais chicas?Si lo preguntara a nuestras madres o abuelas, imaginad la respuesta.

Esta misma pregunta la hice en un foro con mujeres andaluzas mayores y todas levantaban la mano: “Anda mujer, que na más dices tonterías”, es algo que hemos escuchado mil veces. La palabra “tonta” la llevamos grabada a fuego como si de una herencia se tratara. A ese sentirnos “poca cosas” hay que sumarle la insiginificancia andaluza. El poco valor que se le ha dado en la historia del estado español.

Las mujeres que hablan mucho reciben además castigos por ello. Existen nombres que vienen a calificar su iniciativa. No existen, por ejemplo, términos para nombrar a los hombres que hablan mucho. Las mujeres tenemos unos cuantos: somos marujas, cotillas, criticonas, hablamos por los codos y somos maris. No hay mejor forma de ridiculizar nuestra verdad que negarnos la herramienta por la que se accede a ser sujeta de derecho: la palabra. Y al caso de las andaluzas hay que sumarle la ridiculización de nuestro acento y la insistencia política, machista y andaluzófoba que se hace de nuestro pasado como “analfabetas”.

Si la política se desarrolla en espacios públicos, éste no era el sitio de las mujeres porque es bien sabido que las mujeres “de toda la vida de Dios” tenían que ser mujeres de su casa. Y la casa no era un espacio que se considerara político. Otra cosa y una gran mentira hegemónica es haber colocado a todas las mujeres en lo privado como si estuviéramos encerradas o como si no hiciéramos vida en la calle.

Parece que las mujeres andaluzas a la que ha empobrecido el sistema no trabajábamos fuera, no echábamos nuestras buenas peonás o no saliéramos, incluso, a comprar el pan. Debemos romper también con estas semiverdades que usamos para categorizar los espacios, incluso para intentar denunciar los binomios. Lo cierto es que nosotras hemos habitado lo público y lo cierto es que, a pesar de ello, hemos importando un bledo.

*Creo importante hacer un apunte aquí sobre la famosa frase feminista de “lo personal es político”. A pesar de que a veces se asigna autoría a esta frase, lo cierto es que se desconoce su origen. Fue popularizada por un ensayo de Carol Hanisch, de 1969, pero ella siempre ha rechazado que la frase fuera suya. Lo bonito de esta frase es que muchas autoras han dicho que es una frase de autoría colectiva y que proviene de millones de mujeres con las que tuvieron conversaciones. También existen muchas interpretaciones de la frase pero, a grandes rasgos, lo que viene a decir es que la historia hegemónica ha relegado a lo personal asuntos que son de orden público, impidiendo que la denuncia social de asuntos sistémicos.

Todo esto de los espacios y de quiénes pueden o no ejercer el derecho a “parlar”, genera DOS GRANDES IDEAS: la idea de que ni las mujeres podían ser políticas ni las cosas que le pasaban a las mujeres tenían que ser asuntos políticos. Por qué. Porque supuestamente pasaban dentro de la casa. Y las casas eran territorio íntimo, privado, personal…

Vienen los feminismos y dicen: “Quieto Manué… para el carro… Lo privado y lo que pasa dentro de las casas también es político. Que tú no contribuyas las tareas del hogar es político, que yo trabaje gratis de sol a sombra sin vacaciones ni sueldo es político, que a mí me entren depresiones y me ponga mala de los nervios y me duela el alma por esta vida que llevo es político . Y que yo sufra abusos y violencia de género es político. Son asuntos que tiene que resolver la sociedad y la política”.

Porque lo que pasaba en las casas, lo que sufrían las mujeres tenía que ver no sólo con una vida privada machista sino con una política pública machista. Al decir que era privado se limpiaban las manos.

Por ejemplo, Ya el Código Penal de 1870 recogía en su texto la fórmula de la «venganza de la sangre», una facultad criminal concedida a los padres y maridos para matar a sus hijas y esposas, y a los hombres que yacían con ellas.

Estamos hablando de violencia de género —considerada privada— cuando históricamente ha formado parte de las políticas públicas. El machismo estaba registrado en las leyes y delimitaba qué podía hacer un hombre en “su casa”. Es decir, que lo considerado privado va cambiando de lugar según los intereses.

No es una cuestión de espacios: las identidades oprimidas siempre pierden y la categorización se deslizará o mutará para que así sea.

Este «privilegio de la venganza de la sangre» fue reintroducido por la dictadura de Franco y revisado en 1963, eliminándolo del Código Penal.

Sin embargo, la figura del marido como cabeza de familia y la necesidad de la licencia o permiso marital para hacer cualquier mínima cosa no desaparecieron hasta la reforma del Código Civil de 1975, que supuso un paso decisivo para las mujeres. El artículo 62 del nuevo Código declaraba:

«El matrimonio no restringe la capacidad de obrar de ninguno de los cónyuges», y el 63 establecía que ninguno de ellos podía atribuirse la representación del otro. El deber de obediencia de la mujer al marido quedó eliminado y sustituido por el deber de mutuo respeto y protección recíprocos.

3.1. Una pequeña cronología de poderíos políticos

El motín del hambre 

También destaca y corrobora Silvia Federici lo que han mencionado quienes han relaado el motín de Córdoba: que el detonante fue que una mujer recorrió las calles de la ciudad gritando con su hijo muerto a causa del hambre en los brazos, y que a partir de ese hecho la solidaridad e iniciativa de las mujeres provocaron la cascada de acontecimientos que se sucedieron.

Escribe que eran las mujeres quienes por lo general iniciaban y lideraban las revueltas por la comida que se sucedieron en Europa. Es más, cita que Ives-Marie Bercé llama “motines de mujeres” a los 31 episodios de revueltas y levantamientos ocurridos en Francia durante el siglo XVII, de los cuales seis de ellos los protagonizaron exclusivamente mujeres.

El Motín del hambre también fue conocido como Motín del pan. Como se destaca en este artículo de historias de mujeres: “a finales de la década vino a sumarse la aparición de un terrible epidemia de peste que causó estragos entre la población, además de afectar gravemente a la economía del reino de Córdoba, que en muchos lugares quedó paralizada como consecuencia de la incomunicación impuesta por las medidas sanitarias de aislamiento y la cuarentena a que quedaban sometidos los lugares contagiados. Baste señalar que la peste causó en la capital cordobesa unas 13.000 víctimas sobre una población que rondaría los 40.000 habitantes; es decir, que acabó con la tercera parte de la población cordobesa entre 1648 y 1650”.

Y continúa:

“El corregidor, vizconde de Peña Parda se sentía ajeno a los problemas de los desvalidos y no tomaba disposiciones que aliviasen la situación de los hambrientos. En aquellas circunstancias, en la mañana del 6 de mayo una mujer, dando gritos lastimeros y llevando en brazos a su hijo muerto por hambre, recorrió las calles del popular barrio de San Lorenzo. Su imagen conmovió a algunas mujeres, que comenzaron a increpar a los hombres su indolencia y cobardía ante una situación de la que se aprovechaban un grupo de especuladores, sin que las autoridades pusiesen el remedio que el caso requería. Poco a poco, los ánimos se fueron caldeando hasta que un grupo, exaltado por los improperios de las mujeres, se armó como pudo: palos, hoces, guadañas y algunas espadas, y se dirigieron a la casa del corregidor. En el camino, el concurso de los que se sumaban a la protesta era cada vez mayor, con lo que la algarada empezó a cobrar vuelos”.

S.XIX. Las cigarreras

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Se dice que hasta finales del siglo XIX ninguna huelga tenía éxito sin la presencia de las cigarreras. No es de extrañar ya que llegaron a haber 23.000 en todo el Estado español. Fueron fundamentales en cada revuelta y movimiento obrero y usaban los motines como “sello de la casa”.

La autogestión de las cigarreras fue fundamental para cubrir los derechos que, como mujeres, la sociedad les negaba. Una de sus aportaciones más potentes fue la creación de Hermandades de Socorro Mutuo. A través de éstas y de la autogestión se impidió, por ejemplo, el despido de las cigarreras mayores, creando talleres auxiliares a los que pasaban a los 65 años para realizar labores ligeras.

Trabajaban hasta su muerte y sus propias compañeras sufragaban mediante colecta sus entierros. Incluyeron las primeras guarderías en las fábricas. Muchas cuentan cómo sus madres liaban tabaco con las manos mientras las mecían con los pies. También contaban con escuelas y salas de lactancia dentro de las fábricas. En el espacio laboral unas guisaban mientras otras limpiaban… En cada taller había varias lectoras de noticias y entre todas abonaban el tiempo de trabajo perdido. Así lo contaba Emilia Pardo Bazán en La Tribuna. En Andalucía estuvieron sobre todo en Sevilla y Cádiz.

Como en todas las esferas de la vida laboral, social y cultural y sobre todo en las fábricas andaluzas, había una enorme presencia de cigarreras gitanas. Todas ellas de orígenes muy humildes. Barrios como Triana disfrutaban de un urbanismo pensado para la solidaridad. Los patios de vecinas y las corralas -tan propios del entorno trianero- asistieron a una enorme hermandad entre familias humildes andaluzas gitanas y no gitanas que generó una idiosincrasia propia que todavía se recuerda con nostalgia y que “finalizó” con la injusta expulsión de las familias gitanas del barrio en 1957. Las corralas contaban con espacios comunes como lavaderos y cocinas, lo que hacía que la solidaridad de las cigarreras no acabara en las fábricas. Las cigarreras trianeras tenían que tomar una barca para llegar a la Fábrica de Tabacos. Lo hacían en el llamado “Embarcadero de las cigarreras”. Tanto en Andalucía como en barrios periféricos obreros de Madrid y otras latitudes donde trabajaban las cigarreras, se convivía en espacios obreros de puertas abiertas donde se practicaba la crianza colectiva y se cuidaban entre ellas.

El secreto de su unión tenía que ver con la convivencia en los mismos espacios dentro y fuera de la fábrica, lo que hacía ver a una compañera como parte de la familia.

La Desbandá

El protagonismo de las mujeres también fue clave en La Desbandá, uno de los capítulos más atroces y más invisibilizados de los ocurridos en el estado español y que tuvo lugar en Andalucía. Málaga fue tomada por las tropas nacionales (franquistas) entre el 7 y el 8 de febrero de 1937. Éstas atacaron violentamente a la población malagueña y de otras provincias que huían buscando refugio en Almería donde, en esos momentos, se encontraba el Ejército Popular Republicano. 

Se produjo entonces una masacre en la carretera Málaga-Almería, ocupada por las personas que intentaban huir, que supuso la muerte de entre 3000 y 5000 personas. La Desbandá fue el bombardeo más sangriento de la Guerra Civil española y uno de los que más se ha intentado silenciar.  Murieron muchas más personas que en el de Guernica.

Durante este suceso, se produjo la intervención del doctor Norman Bethune, que se desplazó expresamente desde Valencia hacia Málaga con su unidad de transfusión de sangre para socorrer a la población civil: ​ 

“…Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos….”.

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 Foto. Andalucía, Spain. Civilians fleeing de Cordoba front. By Robert Capa, (September 5th, 1936)

 Un informe del historiador Juan Francisco Colomina habla del gran papel de las mujeres en La Desbandá que exigieron sus derechos y los de sus familiares. “Se enfrentaban a las autoridades civiles de cara a a conseguir unas condiciones mínimamente dignas de habitabilidad”.

“Fueron las cuidadoras de los ancianos, como señala el documento que presentamos, en el que se muestra una petición de caridad para facilitar un billete de ferrocarril a Virtudes Vereda Moreno y a su familia para poder viajar desde Vera, donde estaba refugiada, hasta una localidad catalana en la que se encuentra, sola y enferma, su madre”.

Fueron víctimas y protagonistas de las barbaridades de la guerra. Pero también fueron heroínas de lo cotidiano, luchadoras contra la resignación y la imposición de un modelo de mujer encorsetado. Muchas de aquellas mujeres que marcharon del horror jamás volverían a sus casas ni a ver a hijos y esposos; lo perdieron todo. Y aún así siguieron su propio camino conforme a su pensamiento, ideas y voluntades”. 

En este enlace podéis escuchar los testimonos de dos andaluzas.

Corrala Utopía

El caso de la Corrala Utopía ha sido sin duda un ejemplo de unión entre mujeres para la reivindicación de sus derechos básicos. La Corrala Utopía es un edificio que fue ocupado en 2012 en Sevilla por todas estas familias envueltas en problemas sociales y sin alojamiento. El edificio fue comprado posteriormente por Ibercaja, que amenazó con desalojar a las familias residentes allí. La amenaza finalmente se llevó a cabo. Aguasanta, Toñi, Marisa, Elena, Ana, Vanessa, Manoli, etc. son solo algunas de ellas. 

El movimiento sumamente organizado ocupó un edificio de la Avenida de las Juventudes Musicales que pertenecía a una gran constructora en bancarrota. Las viviendas se llenaron de carteles con el lema “sin agua, sin luz, sin miedo, por un alquiler social”. Tras éstas se encontraban diferentes historias de mujeres en situación de desempleo de larga duración, sin subvenciones sociales, provenientes de empresas en quiebra, etc. y sin posibilidades de vivienda.

Parte de la importancia de este movimiento fue entender que las corralas eran espacios en los que se practicaba más la solidaridad y entender también que la vecina, a la que hasta ahora nunca habíamos dado ninguna importancia desde el punto de vista político, era una mujer que había practicado su propia revolución: la que llamaron la revolución de la yerbabuena: que esa ayuda que se establece entre mujeres que viven cerca, que se apoyan y se sostienen. Eso que jamás había sido visto con ojos revolucionarios. Os dejo con el documental completo:

 2013 “Dejenme tener dignidad”, Inmaculada Michinina

Gracias a las inmensas repercusiones que tuvieron sus palabras, finalmente se concedió la licencia a 49 familias que sobreviven gracias a la venta ambulante en Cádiz. Michinina, después de este hito, pasó a formar parte de la política oficial. Se llegó a presentar como como candidata a la alcaldía de Cádiz con el partido Ciudadanxs por Cádiz tal y como hizo en Perú Yoni Hinojosa, primera alcaldesa de Chacán que ahora fomenta cooperativas de mujeres.

La frase de Michinina que dio la vuelta al mundo fue la de “Déjenme tener dignidad”. Su gesto y sus palabras intentaron poner en su sitio a quienes gobiernan: “usted trabaja para mí”. Insistimos en la importancia de que las instituciones donde la palabra es política, si los discursos no nos sirven, nosotras nos convertimos en sirvientas del discurso. Lamentablemente en estos espacios la palabra se convierte en una herramienta para establecer jerarquías.

Las voces de las mujeres obreras en salón de plenos de Cádiz. Madres Okupas

La indignación es tal que varias mujeres se han convertido en centro de las protestas en cada pleno. Son los casos de Aysha Elmortada que, buscando una solución habitacional para ella y su hijo gritaba en el pleno de Cádiz: “Si yo no hablo tú no hablas” y Milagros Arzúa. Ambas madres tuvieron que acudir a la alternativa okupa, a falta de alguna solución. 

No sólo en Cádiz. En toda Andalucía las mujeres pobres fueron las primeras en alzar la voz contra la injusticia ciudadana. Sus protestas de primera necesidad tenían que ver con su rol de madres o de cuidadoras y con su situación de mayor contexto de vulnerabilidad. 

Me resulta fundamental normar la desesperacion con la que estas mujeres acuden al salón de plenos. En los tres casos, están pidiendo básicos para la supervivencia al haberlas colocado la ausencia de alternativas políticas entre la espada y la pared. Es por ello, que sus intervenciones están llenas de dolor y rabia. Totalmente legítima. Con todo, la valía de sus discursos reclamando derechos básicos resulta potente por esto mismo: porque pone de manifiesto el abandono en el que las identidades más oprimidas por el machismo y el clasismo se encuentran. 

Comares ante el Acoso en la Universidad de Granada

Si de algo se puede calificar la siguiente acción llevada a cabo en la Universidad de Granada es de valiente. Un grupo de alumnas, cansadas de que su universidad les diera la espalda en los casos de acoso denunciados, deciden tomar la palabra en el acto oficial de la institución y ser ellas las protagonistas. Con la increíble fuerza que tienen las víctimas cuando toman la palabra, pusieron los puntos sobre las íes y dijeron a las y los portavoces institucionales de la violencia machista en la Universidad que ellas serían quienes redactarían los protocolos contra el acoso en función de sus experiencias y que la institución no tendría más remedio que firmarlo.

El  caso no se quedó ahí. La revista Pikara Magazine ve la acción y decide investigar lo que ocurre en las universidades del estado español con los casos de acosos. La primera versión del estudio de Pikara Magazine #AcosoenLaUni, arrojaba 236 casos de casos sexual y laboral.

Desde entonces, según esta información de El Salto, universidades que se negaron a aportar datos han accedido a cumplir la Ley de Transparencia y hoy se cuentan 275. Todo ello, gracias a la acción política iniciada por estas alumnas de Granada.

Huelga de Cuidados, ¿cómo se vivió en Andalucía? 

En Andalucía, como en el resto del estado español, la huelga de cuidados fue un grito rotundo contra la situación de precariedad y violencia en la que nos encontramos las mujeres. No sólo en las grandes capitales, también se dieron manifestaciones en pueblos, aunque resultaron menos visibles.

En el caso andaluz, la protesta también tuvo identidad cultural y esto fue algo que se demostró en varias manifestaciones. Protestar con señas de identidad de la tierra tiene una doble reivindicación. Por una parte, se reivindica la pluralidad cultural que se quiere cargar el sistema capitalista y el fenómeno de la globalización. Por la otra, se mira a las propias formas como suficientes para lanzar el mensaje: sin necesidad de adoptar las formas hegemónicas para que se nos tome en serio. Ésta fue una de las acciones emprendidas al final de la manifestación en Sevilla.

Por supuesto hay muchas más acciones de incidencia política en Andalucía: la lucha jornalera de las mujeres del campo donde fueron claves e imprescindibles es una de ellas. En definitiva, no hay lugar de lucha donde las mujeres no hayamos estado de una manera u otra.

3.2. Disidencias sexuales en Andalucía

Aunque haría falta todo un curso para hablar de disidencias sexuales en Andalucía, no quería dejar de introducir un capítulo aunque sea para dar unas pinceladas sobre la increíble subversión que Andalucía ha supuesto en materia de diversidad sexual, a pesar de la falta de reconocimiento que ha tenido al respecto.

Parte de esta ausencia de reconocimiento tiene que ver con el sexilio que ha sufrido el pueblo andaluz hacia las grandes ciudades del estado español.

El término “sexilio” fue acuñado por el sociólogo puertorriqueño Manolo Guzmán. El sexilio es el fenómeno por el que personas con identidades distintas a la heterosexual se ven obligados a emigrar de su barrio, su comunidad o su país por persecuciones hacia su orientación sexual o identidad de género.

Lo que quiero recoger aquí es una pequeña pincelada de personas e iniciativas que tienen que ver con disidencia sexual en Andalucía. Sabiendo que es un resumen muy pequeño, sí que quería nombrarlo porque me parece que romper con la historia única tiene que ver con el término “diversidad” y que la diversidad es una reivindicación necesaria no sólo en el ámbito de la identidad y lo sexual sino en el propio feminismo y en un sentido transversal que incluya a ecodiversidad y que cuestione el especismo.

En Andalucía, además, creo y siento que el feminismo andaluz —tal y como muchas lo concebimos ahora— bebe mucho del ambiente que se respiraba en los locales donde lesbianas, marikas y más identidades reivindicaban, haciendo de las señas de identidad propias algo totalmente subversivo con la presencia del travestimos y otro tipo de subversiones.

Creo que la mejor forma de traer este punto es haciendo un pequeño decálogo de iniciativas, personas y manifestaciones. Por favó… sé que hay muchas más. Miremos esto como lo que es: una pequeña muestra. Como digo, se podría hacer todo un curso que aborde esta cuestión en Andalucía. 

  1. Ponme mirando al sur, marikón. Éste fue el nombre de un encuentro realizado en Granada en 2017. El movimiento marika andaluz hace con este nombre desde hace unos años, aunque siempre hayan existido movimientos bajo otros nombres. Reivindican el término “marika” desde el siguiente prisma:

“En primer lugar, nos interesa politizar la categoría Marika, en general, pero puesto que muchxs nos identificamos y vivenciamos las cuestiones “sures”, pues creemos que tiene sentido generar este sujeto político del que hablamos con una mirada “sur”, es decir, que tenga en cuenta las relaciones de poder nortesur que encarnamos, recuperar nuestra historia y memoria marika andaluza-sureña, recuperar referentes marikas sureños con sus especificidades. Pues parece que siempre tomamos como referentes a personas, colectivos y proyectos generados en el triángulo Barcelona-Madrid-Bilbo (que nos encantan y nos parecen super potentes), pero creemos que en otras geografías también se han producido y se producen cosas igual de poten. Nos cuestionamos por qué son menos visibles o por qué no les damos tanta importancia… quizás la respuesta esté en esas dinámicas norte-sur de las que hablamos… Tampoco tenemos super certezas de nada, sino más bien nos gustaría explorarlas a través de por ejemplo estos encuentros y vivencias… 

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Por otro lado, algunxs sí entendemos que la construcción de este sujeto Marika-Marikón se debe realizar desde el transfeminismo, recogiendo su crítica al sistema binario de género, su crítica al heteropatriarcado, entendiendo a nuestros cuerpos diversos como la principal herramienta para la subversión y apostando por la multiplicación del sujeto clásico del feminismo pues en ocasiones ha sido excluyente no teneiendo en cuenta a lxs trans, a las bolleras, a lxs marikas, a lxs precarias, a las putas y putos… Otrxs:………… Algunxs también entendemos que la construcción de este sujeto “Marika” debe asumir premisas libertarias, en el sentido de que se debe realizar de manera colectiva y horizontal, sin jerarquías, al margen de partidos políticos y demás instituciones, que tome la libertad como su máxima”.

Podéis acceder a la reflexión completa desde este enlace

El Bloque Andaluz de revolución sexual también empiezó a contextualizar recientemente su sexperiencias dentro del territorio, al considerar que las violencia sufridas eran otras en Andalucía. En el manifiesto de cambio de nombre de diciembre de 2016 éste aludió afirmaba:

Estamos haciendo referencia a ese hacer las maletas para huir de la homofobia que sufríamos en el pueblo, para luego llegar a un Chuecadonde nos estigmatizaron por cecear o sesear, por espirar las eses, por “relajar” la jota. Nos referimos también a habernos creído que nuestra tierra era más machista y homófoba que ningún otro lugar, obviando todos los factores socioeconómicos que la han hecho ser tierra precarizada y con bajos niveles de formación y donde, debido a esto la Iglesia Católica, ha tenido uno de sus principales fuentes de feligreses, alineando nuestras religiosidades bajo el heteropratriacal modelo nacionalcatolicista. 

Autores andaluces como Diego Mendoza están haciendo atualmente trabajos de recuperación de esta parte de la memoria andaluza a través de la creación de archivos Transfeminista kuir Transmarikabibollo en Andalucía.

Autores como Alejandro Martín Rodríguez o Javier Cuevas del Barrio también han hecho una revisión histórica en este sentido en su obra Torremolinos, 1962-1971: de la fiesta como resistencia a la redada. Podéis escuchar su contenido en el siguiente vídeo:

2. Mucho má que folclore. El folclore andaluz siempre se ha contrapuesto a lo considerado “cultura”. Habitando una consideración cultural de bajo nivel ha sido usado, sin embargo, de escaparate exótico en representación de la Marca España en el extranjero.

Quienes más venden en lo cultural no siempre tienen la categoría de “personas” en su devenir ciudadano. El espectáculo folclórico ha sido a veces entendido como una especie de circo en el que, mientras admirábamos el arte de quienes estaban en acción, caíamos a veces en la ridiculización o en no considerar a esas personas como tan serias o válidas como otras que practicaban otros tipos de artes: “artistas” frente a “artisteo”.

Valgan por ejemplo, las declaraciones de Lola Flores en un programa de entrevistas en el que se quejaba de que nunca se le dio un papel como actriz fuera del estereotipo. Con todo —y esto ya lo veremos más adelante— el folclore y las folclóricas siempre fueron subversión a pesar de esta categorización. La libertad que esta manifestación cultural tenía en sus adentros no era la libertad ni de las calles ni de las casas ni de nuestras alcobas. 

En este sentido, el folclore siempre ha estado intrínsecamente relacionado con la disidencia sexual. Artistas que se travestían (hoy se emplea el término Drag Queen) como La Petróleo o La Salvaora tenían como referentes a las grandes folclóricas. Eran a ellas a quienes imitaban.

Una de las frases que más me gustan de La Salvaora es la que dice: “Nosotras nacimos así y hemos sido de otra manera”.

El travestismo como pieza clave del folclore también es algo que ha trabajado el bailaor y estudioso Fernando Lópeza que, en este artículo afirmaba que “el flamenco es un nido de marikas”: “Con las mismas palabras se refiere a sí mismo y no teme contar su propia historia:

“De niño era víctima de bullying por mi amaneramiento y porque no me interesaban lo mismo que a mis compañeros de colegio”.

De alguna forma, cuenta, esa situación lo empujó a la danza, donde encontró un lugar seguro en el que expresarse. López cree que lo mismo le ha pasado a otros colegas:

“El flamenco es un nido de maricas porque todo entorno artístico es más habitable para el que es diferente”, dice, pero también añade que eso es así siempre que se cumplan ciertas normas”.

El exilio fue un lugar al que muchos artistas como el cantante de copla Miguel de Molina tuvieron que acudir durante el Franquismo:

Aunque ya hablaremos más delante de las folclóricas, los rumores de relaciones lésbicas en este ámbito han sido siempre muy recurrentes. Gloria Fuertes, por ejemplo, tenía esta visión maravillosa de las sevillanas:

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En la actualidad, artistas más jóvenes como la bailaora andaluza Rocío Molina está transgrediendo el flamenco de muchas formas. En su última obra, representa su propio papel como madre soltera y lesbiana junto a la artista Silvia Pérez Cruz. Destaca el protagonsismo que está tomando el drad andaluz con artistas como CCarvento ysu obra Maricón de España o Belial y su apuesta por la tierra. Recomiendo el corto Mi Arma donde es protagonista.

3.      Eleno de Céspedes. Afrodescendencia disidente.

Miguel de Cervantes recogió en su obra Persiles y Segismunda, Historia Setentrional pubicada en 1617, el perosnaje de la Bruja Zenotia. Lo desarrolló tras conocer la historia real de una persona de Alhama de Granada, tras visitar la localidad en 1594. La Bruja Zenotia, en la vida real, se llamaba Eleno de Céspedes. Era un hombres trans y afroandaluz que pasó de ser esclavo a uno de los mejores cirujanos de la Corte y a quien conocemos por la irrupción en su vida de la Santa Inquisición que condenón con fuerza su disiencia de género.

Esta placa de Alhama de Granada hace referencia a su historia aunque de una forma difusa:

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El motivo de entre todas las irreverencias de Eleno, su matrimonio con una mujer. Porque, aunque en la placa se habla de cirujana transexual, lo cierto es que, en la actualidad,  Céspedes hubiera sido considerado hombre trans en una época en la que vestirse de manera diferente a la que marcaban las asesinas normas sexuales y de género era delito. A ojos de Iglesia, Céspedes era una mujer que había sobrepasado absolutamente todas las barreras morales, incluida la ausencia de respeto por el sacramento del matrimonio. Para la Iglesia, el matrimonio se había dado entre dos mujeres.

Así define María José Belbel Bullejos en su estudio La pesadumbre de Eleno de Céspedes la tortura por las que Céspedes y María del Caño (mujer con la que contrajo matrimonio) tuvieron que pasar en el juicio contra su relación. Todo un ejercicio de violencia sexual en el que examinaron al detalle sus relaciones íntimas: ¿qué miembros intervenían? ¿cuáles no? ¿cómo lo hacían? Sin embargo, el proceso inquisitorial llevado a cabo en Toledo, en todo momento tuvo como a Céspedes como único acusado.

Más de la historia en este enlace.

4. Agustina González López

Como os decía al comienzo, los casos históricos de mujeres andaluzas que se travisten o deciden transitar hacia el género masculino no siempre cuentan con la suerte de tener a sus propias voces como protagonistas. Los relatos siempre nos llegan a través de intermediarios. Ella, en estos relatos, nunca salen bien paradas. Ése es al menos el caso de Agustina González, la Zapatera (1891, Placeta de Cauchiles, Granada- 1936, Fusilada en Víznar) clasificada como “loca” en la Granada del siglo XIX. 

En el libro El asesinato de García Lorca, se puede leer que el fascista Juan Luis Trescastro presumía: “Yo he sido uno de los que hemos sacado a García Lorca de la casa de los Rosales. Es que estábamos hartos ya de maricones en Granada. A él, por maricón, y a La Zapatera, por puta”.

A pesar de todo, su fusilamiento ha pasado totalmente de puntillas, incluso en las historias no oficiales. Aquí hago un pequeño resumen de su historia pero, a grandes rasgos, podemos decir que Agustina fue una enorme transgresora en todos los sentidos. No sólo salía travestida con ropajes masculinos en la Granada nocturna sino que era era escritora de la Generación del 27- innovadora e impredecible. Publicó un marciano Idearium futurismo en el que defendía la escritura futurista, una forma de escribir más económica parecida a nuestros whatsapps de hoy.

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Además se dedicó a la político desde un programa también peculiar en el que ponía en valor “el casamiento precioso internacional” que, para algunas fuentes, pretendía la aceptación social de los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Barranco y Girón aseguran que Agustina se declaraba feminista y católica. Que le interesaba la cuestión de que existieran “hombres afeminados” y “mujeres masculinizadas” y que en su obra Justificación explicaba por qué prefería parecer una loca: porque la libertad no estaba permitida a las mujeres. Sufrió el tratamiento y los adjetivos que históricamente han padecido las mujeres que intentaban salirse del rol: puta, lesbiana y loca.

Ahora estamos de suerte porque la investigadora que la ha estudiado más a fondo, la andaluza Enriqueta Barranco, acaba de sacar un completo libro con la obra de Agustina. En él nos cuenta además su papel como espiritista y cómo las mujeres espiritistas en su tiempo pudieron ocupar espacios de poder que no podían tener en otras áreas. En definitiva, para Barranco, a Agustina hay que acercarse desde esa complejidad espiritista y teosófica. 

5. El caso Ocaña: “Andalucía es un cuadro surrealista”

Una de las figuras más transgresoras que ha tenido Andalucía ha sido la del artista José Pérez Ocaña. Nacido en Cantillana (Sevilla) en 1947 murió de una forma también muy peculiar en su mismo pueblo en una actuación en la que se había vestido de Sol, con la mala suerte de que el disfraz ardió. Fruto de eso, sufrió una hepatitis que le causó la muerte con 36 años.

Calificar a Ocaña como persona y artista es complejo. Era performer, anarquista, activista y “marika”. Sus intervenciones más memorables tienen lugar en Barcelona, donde decide irse a vivir para poder desarrollar su identidad y su arte. De él es la frase “Andalucía es un cuadro surrealista”. Sus raíces andaluzas, de hecho, están presentes en toda su obra. Sin que el término queer hubiera llegado al estado español, podemos afirmar que Ocaña lo puso en práctica de manera pionera desde una performatividad muy peculiar.

He seleccionado esta conferencia para verla en conjunto y que podamos comentar…

 Junto a Ocaña, Costus también es un claro caso de subversión andaluza en el arte. Os comparto un completo trabajo de Lidia García Garcíasobre ambas expresiones artísticas relacionados con lo camp. 

6. Disidencia de campo o rural

Hay una serie de iniciativas que nacen en los pueblos para una  mayor acogida y visibilidad de la diversidad sexual y que están consiguiendo transformar los escenarios de aquellos espacios a los que achacamos una tradición más cerrada o que carecen de espacios donde las personas podamos desarrollar nuestra identidad y nuestra vida fuera de las encorsetadas normas de género.

Quiero traer aquí figuras importantes como la de la artista gaditana Esperanza Moreno, coautora de la primera obra de sexo entre mujeres (kamasutra lésbico) en el estado español (Tu dedo corazón) e ideadora —junto a otras activistas— de uno de los eventos para el día del orgullo que más fuerza cobra cada año: el Orgulo Serrano.

A través de esta iniciativa, tanto ella como otras fuerzas del territorio, han querido homenajear a personas de la tierra cuya presencia y permanencia en los pueblos era ya resistencia por habitar identidades no hegemónicas. Es el caso, por ejemplo, de la mujer trans Manolita Chen que siempre vivió en su pueblo Arcos y que fue la primera mujer tran en ejercer el derecho a la adopción. Aquí en el pregón del Orgullo Serrano:

 En Málaga cada año un grupo de mujeres realizan el Foro Rural Feminista abordando cada año una temática distinta. Vienen de la Universidad Rural Pablo Freire y tienen un espacio propio sobre feminismos. En 2018, el foro estuvo dedicado a la diversidad sexual en los pueblos considerados rurales y en el acto participaron mujeres muy diversas de todas las edades.

En definitiva, todos los ejemplos vienen a ilustrar que Andalucía como tierra también deja su huella en las disidencias de género o sexuales. Ni siquiera estas vidas se pueden contar sin este factor territorial tan importante. ¿Por qué siempre ponemos de referente de las luchas lo ocurrido en Estados Unidos, por ejemplo? ¿No tenemos acaso nuestros propios referentes? Andalucía ha dado una enorme cantidad de ellos. 

 3.3. La memoria es una hierbabuena en el puchero 

Volvemos a la frase de La Hierba que vimos en bloques anteriores:

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En esta frase de 1938 se nos habla de resistencias y de dignidad. De no conformarse ante los relatos de la Historia oficial. De intentar luchar contra la desmemoria de las experiencias de las identidades y los pueblos que la soportan. ¿Cómo son estas resistencias de los pueblos? ¿Qué se hace para que nuestras historias de resistencias familiares y otras no se pierdan? ¿Bajo qué prácticas culturales se llevan a cabo? 

Si miramos un poco más acá, en realidad de lo que nos damos cuenta es de que en esta frase se está reivindicando el concepto de “Memoria” frente al de “Historia”. La lucha por la memoria histórica siempre ha sido controvertida dentro de las iniciativas políticas de los diferentes estados. A menudo, la lucha por la memoria ha venido de la mano de ideologías, iniciativas y partidos de izquierda por cuestiones obvias. Históricamente, la ideología de izquierdas ha estado intrínsecamente ligada a la de la clase obrera y la clase obrera no es precisamente la mejor tratada en la Historia.

Sin embargo, como ya muchos movimientos feministas han denunciado, ésta no ha estado exenta de machismo. Obvio.

Frases emblemáticas que insisten en esta necesidad de no olvidar, de conservar los acontecimientos del pasado, hay muchas. Recuerdo especialmente aquella de La Duquesa Roja que decía: “Debemos conocer el pasado para conocer el presente y evitar la destrucción en el futuro”. El refranero popular tiene también varias frases que tienen que ver con esta ocultación de las injusticias históricas. Por ejemplo, mi amiga Mª Ángeles recuerda mucho una frase que dicen las mujeres de su pueblo: “lo que el médico yerra, lo tapa la tierra”.

Podemos enlazar esta frase con muchos acontecimientos históricos actuales: las negligencias médicas, los casos de bebés robados y, en líneas generales, los abusos de poder y el poder de figuras que, todavía hoy, parecen intocables como los curas o quienes ejercen la medicina.

El capitalismo no quiere ni raíces ni memoria. Quiere que te conviertas en alguien que el sistema no desprecia para convertirte en algo que, puede, que acabes despreciando tú. Un producto sin alma, sin lengua materna, uno de tantos de la cadena de montaje. Como decía Hannah Arendt en el vídeo que incrusté sobre lengua materna, un cliché andante que reproduce guiones establecidos.

La globalización tiene que ver con ello: con que todo el mundo hable la misma lengua, vista de la misma forma, comparta los mismos deseos, celebre Halloween y, por tanto, genere el mismo sistema: sin fisuras, sin diversidad. El colonialismo va de la mano de esta idea y las resistencias también pasan por no ahogar otras formas culturales que se han intentado desaparecer bajo la excusa de que eran menos tolerantes, más machistas, menos desarrolladas, menos civilizadas.

La memoria, además, tiene mucho que ver con lo que acabamos de ver: con los sentidos. Aunque las palabras y los discursos son las herramientas usadas para acceder a nuestro derecho ciudadano; no son las únicas. Mientras abrimos este derecho y generamos autoestima para que todas las persona se sientan legítimas a hacer uso de él, convendría que reconociéramos más formas de hacer discurso: más lenguajes con los que coexistimos y que no tienen que ver con este logocentrismo, que tienen que ver con otros sentidos como el oído, el paladar, la piel… y desde los que también se comunican y también recibimos.

Esta memoria más propia de los sentidos es la que se nos despierta en cualquier sitio… Nos pilla desprevenidas mientras percibimos un olor que nos transporta o escuchamos una canción que nos lleva a un lugar determinado de nuestra historia personal o saboreamos un plato que, de pronto, nos brinda la oportunidad de volver a sentir aquel lugar o aquella persona que ya no está a nuestro lado. Esta memoria sentimental y sensorial ha sido labrada históricamente por las mujeres andaluzas de clase obrera.

Haciendo trabajos propios de una hormiga, ocupando la grandeza de lo pequeño, las mujeres andaluzas han sido, por ejemplo, las que se pasaban las recetas (a ojo) de mujeres a mujeres de la familia para no perder ese legado “invisible”. Recetas todas ellas que conservaban ingredientes, mezclas y trucos que se han transmitido no sólo de generación en generación sino de tiempos históricos a tiempos históricos. Con sus variantes, han logrado sobrevivir con sus cambios y adaptaciones, como todo aquello que se considera folclore o cultura popular.

Las mujeres, además, han tenido muy presente los olvidos y las injusticias. No sólo en la esfera considera política, en lo privado han protagonizado ese trabajo para que los nombres y las historias colectivas no se perdieran.

Mujeres hablando de mujeres: narrando “hay que ver lo que pasó la tía Lola a la fresquita”, diciéndote “te puse tu nombre por tu abuela Rosa que pasó esto y lo otro…”. La celebración de los santos en muchas familias andaluzas no se reduce a una costumbre católica. El santo tiene que ver con una celebración colectiva –el cumpleaños es una costumbre más individualista- en el que no sólo celebrabas tu día sino que celebrabas el de todas las Maris, Lolas o Teresa de tu casa: las presentes y las pasadas.

Era una oportunidad para reunirse frente a un bizcocho y echar la memoria a andar. Lo de heredar nombres que a veces nos disgustaban mucho tenía que ver con dar una nueva oportunidad a esa historia que desaparecería porque nadie la iba a recordar. Muchos de nuestros nombres han sido homenaje a muchas personas. Son las prácticas de quienes saben que no saldrán en la Historia, de quienes desean hacer su pequeña ofrenda ante el olvido.

También las mujeres andaluzas han sido quienes han dado importancia a la memoria visitando cada año espacios como los cementerios en fechas como Tó Santos. Durante estos días, sólo vemos a mujeres “arremangás” con sus prisas y sus cubos limpiando las lápidas anónimas. Cuando son hombres de izquierdas los que van a reivindicar memoria a un cementerio, el espacio adquiere todo el sentido político. Sin embargo, estas citas en las que las mujeres se encuentran al igual que lo hacían en su día en torno a las fuentes de los pueblos y los lavaderos públicos, no se consideran políticas sino partes de la rutina y del rol tradicional de las mujeres como si cuidar o limpiar no tuviera ningún valor social o político.

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*Mujeres barbateñas dando sus paseos por el paseo marítimo. Fotos de Miriam Sánchez M. – Photography 

Para despejar dudas –después de muchos años leyendo, escribiendo y ejerciendo mi trabajo periodístico desde la perspectiva de género- no se me escapa (de hecho, es algo en lo que he pensado demasiado) que muchas de estas cuestiones que se han relegado exclusivamente dentro de lo que se considera “tradición”, no tienen detrás un imperativo moral para con las mujeres que eran y son quienes tienen que cubrir estos huecos a veces por miedo a la crítica o al qué dirán o porque ha sido el espacio de los cuidados el que se se le ha reservado.

Sin embargo, no deja de ser curioso que en vez de destacar esta opresión poniendo en valor los trabajos de memoria y cuidados, caemos en invisibilizar una vez más tanto los cuidados y la memoria como quienes históricamente los han ejecutado bajo el argumento único de que no eran libres al hacerlo; como si la libertad fuera condición sine qua non para obtener reconocimiento histórico.

Es decir, si afirmamos que sólo vamos a valorar las identidades y acciones que se llevan a cabo bajo la libertad absoluta, ¿no tendríamos que definir antes qué entendemos por libertad? ¿No estaríamos de nuevo valorando únicamente a quienes tienen el privilegio de elegir? Y, lo más importante ¿cómo entonces vamos a poner en valor la historia de quienes sostienen lo ordinario como parte fundamental de nuestras vidas? Lamentablemente, la Historia nos ha demostrado algo contrario a esto: cuando estas acciones son llevadas a cabo por identidades privilegiadas, cobran como por arte de magia valor. Entonces, aparecen chefs, modistos, etc…

Convendría poner en valor simplemente el trabajazo de quienes sufrieron opresión entendiendo por libertad aquello que se hace con lo que se tiene o con lo que se puede.

¿Cuándo las mujeres obreras andaluza serán reconocidas si entendemos que absolutamente todo lo hicieron como resultado de una opresión? La cosa es que siento que entre una cosa y la otra jamás obtienen reconocimiento. 

Lo único que sé es que, tras años de espera y feminismo, ese momento de reconocimiento nunca parece llegar.

3.4. No me toques las palmas que me conozco

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