BLOQUE 1

Este collage tan espectacular es de la ilustradora María Sánchez. Gracias María por cederlo, por tu generosidad y por haber puesto siempre el ojo exacto en cómo este proyecto quería ser representado.

Introducción. Rosa quiere llegar

“En ocasiones me da pánico regresar a Granada porque empiezo a hablar mal, como mucho. Hasta no hace mucho me sentía un poco extraña en mi propia casa. Es como si me encontrase en medio de dos realidades, y tengo la sensación de que no valiese para un estilo de vida ni para otro. Creo que hay mucho que aprender todavía y evolucionar, y quiero llegar hasta ahí”.

La cantante de Láchar (Granada) Rosa López hizo estas declaraciones en un documental sobre el fenómeno de Operación Triunfo emitido en televisión española. A estas afirmaciones por las que recibió un aluvión de críticas duras tanto de sus vecines como del pueblo de Granada en general, le siguieron otras:

“Venimos de una barriada que no conoce la gente. No venimos del pueblo, nos hemos criado en el polígono de Almanjáyar, me da como vergüenza pero me siento muy orgullosa de ello”.

Ella, andaluza y rebautizada como Rosa de España es un ejemplo más de cómo ese rebujito de culturas externas llamado “País”, más concretamente “España” ha usado durante siglos el talento de esta región y este sur local para explotarlo convirtiendo un rasgo propio de una latitud en un símbolo nacional, a cambio de paro y precariedad. Veintiuno de los treinta municipios del estado español con rentas más bajas son andaluces. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) Andalucía es una de las regiones con mayor riesgo de pobreza y exclusión social (31%) después de la vecina Extremadura (38,8%) y de Ceuta (32,5%). Entre cifras-realidades muy parecidas se encuentra Murcia (30,1%).

La friolera de 22,7% separan a Andalucía de la región con menos pobreza del estado, Navarra que sólo registra un 8,3% de riesgo. Y -si seguimos hablando de igualdad territorial- según un estudio de las catedráticas de Geografía Humana, Josefina Cruz y Pilar Almoguera, Andalucía es una de las comunidades autónomas que más ha disminuido su número de habitantes por migraciones internas. En lo que respecta a las externas, de 77.576 personas nacidas en Andalucía con residencia en el exterior se ha pasado en menos de una década a rozar las cien mil: 97.674. Esto significa que en diez años ha crecido en un 25,90% el número de personas emigrantes andaluzas a otros países en busca de una “vida mejor”.

¿Cómo se encarnan estas cifras? Lo volvemos a ver en un caso parecido al de Rosa López, el protagonizado por la malagueña Pepa Flores (Marisol), de orígenes muy humildes y a quien arrancaron sus raíces y tiñeron su pelo al rubio para convertirla en la blanquecina imagen franquista de España: sin los rasgos gitanos de su tierra y sin el olor a pobreza de sus orígenes. Ella, al ser preguntada ya de adulta sobre su trayectoria –“¿Se ha sentido manipulada?”- contestó:

“¿Manipulada? No sé si esa es la palabra. Pero si te refieres a que tuve que dejar de hacer muchas cosas, de niña, como el poder estar en mi barrio, que era lo que me gustaba, el tener que castellanizar mi acento y otras cosas, pues sí”. Porque entonces yo era consciente de todo lo que se movía a mi alrededor; y de que se mantenían no una familia, sino cuatro”.

Hagamos cuentas de economía doméstica. Si España es una gran familia, a ¿cuántas está manteniendo Andalucía y las demás regiones empobrecidas después de ver las estadísticas?

Tanto las posiciones de Flores como la de López son comprensibles, a pesar de los ataques descontextualizados que recibió la segunda en redes sociales. La primera, encontró causa y rebeldía en su devenir: supo identificar el expolio al que sometieron no ya a su cultura, sino a ella misma como representación encarnada del drama andaluz y hasta “lorquiano”. La segunda toma la actitud legítima de querer escapar de unas formas y unos ideales que no se corresponden con los hegemónicos: avergonzarte de tus raíces, querer cambiar tu habla, convertirte en otra persona a quien no te hayan enseñado a odiar. Cambiar el enorme peso del analfabetismo de tu entorno que te dejó grabado a fuego una sensación de inferioridad… Convertirte en una persona deseable.

Si la andaluzofobia es social y si en lo social no se habla de diferencias territoriales, la procesión va por dentro y la peor es la interiorizada, la que se ha creído su propia mentira. Rosa quiere llegar – y está en su pleno derecho- al lugar donde cree que se sentirá reconocida y legítima como humana. A un lugar donde pueda ser leída sin los mezquinos estereotipos a los que han sido sometidas las mujeres de clase obrera de su tierra: todas ellas limpiadoras de todas las series televisivas que se tragó de pequeña. Todas ellas vistas sin ser vistas. Porque, si las vidas reales de estas limpiadoras se llevaran a la pantalla, nadie dudaría de su valía y de su coraje. De sus esfuerzos continuos por dar dignidad a su entorno.

Rosa quiere, al fin y al cabo, hablar y ser escuchada desde el respeto pero su acento granaíno de pueblo no se lo permite. Es el acento de un pueblo pobre y con estigmas. Porque –siendo rematadamente clara- Rosa no es más que una cateta para casi todo el mundo y es duro intentar ser desde un lugar de no reconocimiento. Porque somos desde la mirada –insolente o bondadosa- que otras personas nos dirigen. Porque lo que somos es un discurso de ida y vuelta al que sólo se le echa cuenta cuando la sociedad y sus personas nos “dan por válidas”.

Rosa tiene lo que siglos de cultura hegemónica y platónica ha negado a nuestros pensamientos: un cuerpo con una historia que sufre las consecuencias de los valores en los que su sociedad vive. Por eso Rosa, por mucho que intente llegar, siempre tendrá tanto un cuerpo como una historia pegada al cuerpo.

Los territorios también son cuerpos, son los cuerpos negados durante siglos de nuestras historias colectivas. Llenos de riqueza, de complejos a veces, de años de intentar levantarnos y de discursos que nos invitan a odiar nuestras raíces para convertirnos en otras gentes: más guapas, más finas, más neutras, más castellanas, menos andaluzas.

Porque todavía hoy ser andaluza es una pesada marca que va más allá de las estadísticas.

Porque Rosa quiere llegar hasta allí porque no se le permite llegar desde aquí.

[Capítulo del libro Como vaya yo y lo encuentre. Feminismo andaluz y otras prendas que tú no veías]

[ANTES DE NA…] Creo necesario escribir este curso en primera persona. Es lo que me sale. Creo necesario decir que no represento a todo el mundo. Creo necesario también decir que soy blanca, bisexual, de clase obrera, de orígenes pobres y camperos. Sé que mi experiencia no representa todos los feminismos andaluces y tampoco creo que pueda hacerlo. No me siento legítima para hablar de todas la identidades que habitan Andalucía. Espero que este curso se tome como lo que es: un abordaje y un acercamiento y no un intento de hacer teorías cerradas y concluyentes. Insisto.

Os propongo la lectura sobre el concepto Conocimiento situado acuñado por Donna Haraway.

1.0. La dama de Cádiz y el tren de cercanías

Para poder cuestionar nuestra mirá, lo primero es aprender a identificar cómo pensamos y qué nos lleva a valorar unas cosas y despreciar otras. En este vídeo charlaremos una mijilla sobre el origen de nuestros pensamientos. ¿Recuerdas cuando perdías esa prenda de ropa en tu casa y no la veías por ningún sitio y tu madre te decía “Como vaya yo y lo encuentre?”. Pues eso es un claro resumen de lo que os voy a contar ahora. En este vídeo.

*Además de Haraway, la poeta lesbofeminista Adrienne Rich abordó el concepto de OBJETIVIDAD de la siguiente manera:

La imagen muestra una foto de la autora lesbofeminista Adrienne Rich en la que se destaca una frase dicha por ella misma. La frase es la siguiente: Objetividad es el nombre que se da en la sociedad patriarcal a la subjetividad masculina.

-UN PEQUEÑO RESUMEN DEL VÍDEO:

1. Los territorios son cuerpos y, como cuerpos, nos hablan y nos dan mensajes al igual que la Dama de Cádiz intentaba establecer una conexión con el investigador de la historia del vídeo. Entender que nuestros propios cuerpos se adscriben a este otro cuerpo (que carga con sus devenires, sus historias y sus experiencias) hace que nos sintamos parte de un todo.

El territorio es parte de lo que somos, es mucho más que nuestra circunstancia. Son la huella de las historias y las narrativas que, como las familiares, llevamos con nosotras.

Posibilitan formas diversas de sentir, pensar el mundo y acceder a él. Son el suelo de nuestras primeras experiencias colectivas. Tan importantes como las historias de los acentos. ¿Qué historia nos cuenta este Andalucía como territorio? ¿Qué hay de nosotras en ella? Ése es un pensmiento clave con el que nos deberíamos quedar.

2. El viaje platónico rechaza el más acá. Platón ofrece una única forma -la hegemónica- de acceder al viaje del conocimiento. No nos permite establecer una antropología y un saber de lo cercano. Rescato aquí las palabras de Felipe Benítez Reyes en Mercado de espejismos, haciendo referencia también a la anécdota de la Dama de Cádiz con su investigador:

“Quintero Atauri tuvo, en fin, un sueño pero nunca supo que dormía sobre ese sueño. Jamás se nos ocurre mirar la tierra que pisamos cada día de nuestra existencia, aunque la mayoría de las veces esa tierra pisoteada es el único tesoro accesible: un lugar insignificante en el universo”.

Si Platón rechaza el cuerpo y el sentir como lugar para acceder a la verdad, está rechaza un instrumento fundamental por el que accedemos al conocimiento desde Andalucía: el cuerpo. No es el único pero es tremendamente importante.

Hace también de nuestra educación sentimental algo impropio que no nos permite conocernos. El conocimiento será un vieja guiado por la razón, una búsqueda que buscará en la razón -y no en lo sentidos y los sentimental- su camino. A Rosa, por ejemplo, no se le permite ver en su barrio un lugar de valor. ¿No es conocimiento mi infancia bailando en la calle con mis amigas? ¿Aprendiendo de las sevillanas y del cuerpo?

3. Lo he apuntado antes. Si el conocimiento hegemónico nos dice que todo está en la razón, que rechacemos el cuerpo, ¿qué hacemos con la cultura andaluza? ¿Dónde nos la metemos? Una cultura donde el sentir y el cuerpo tienen un enorme protagonismo. Donde el cuerpo es piedra angular de su significado y su devenir…

¿Lo vamos viendo?

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Me gustaría hacer un impás aquí en lo referente a la frase de Rich y rescatar esta increíble entrevista que Rich hace a la autora antirracista y lesbofeminista Audre Lorde en el que se amplía y se cuestiona el concepto de subjetividad dado por una razón que viene de un occidente hegemónico. Me resulta interesante porque el legado de Lorde resulta fundamental para cuestionar las propias herramientas con la que hacemos activismos y porque en esta conversación deja claro que la la relación entre objetividad y subjetividad no es sólo una cuestión de géneros, sino que hay muchos má factores que entran en cuenta. Lorde misma expresa no haberse sentido validada al poner sobre la mesa su forma de acceder al conocimiento. Lorde y Rich mantuvieron una gran amistad.

Retrato de tres mujers juntas que sonríen confidentes. Parecen amigas. De izquierda a derecha son Audre Lorde, Meridel Lesueur y Adrienne Rich. La foto es de 1980.
De izquierda a derecha Audre Lorde, Meridel Lesueur, Adrienne Rich 1980

Aprovecho para traer aquí párrafos completos de Audre Lorde que considero útiles para pensarnos y pensar cómo generamos movimientos y pensamientos verdaderamente útiles que reconocen las diferencias y no las reciban como una amenaza. Algo que, por otra parte, es bastante binómico. Asimismo, la autora hace mucha incidencia en la “razón no verbal”.

“Lo que no separa no son nuestras diferencias, sino la resistencia a reconocer esas diferencias y enfrentarnos a las distorsiones que resultan de ignorarlas y malinterpretarlas. Cuando nos definimos, cuando yo me defino a mí misma, cuando defino el espacio en el que soy como tú y el espacio en el que no lo soy, no estoy negando el contacto entre nosotras, ni te estoy excluyendo del contacto – estoy ampliando nuestro espacio de contacto.”

En la entrevista con Rich:

Adrienne: ¿Qué es lo que aprendiste de tu madre?

Audre: La importancia de la comunicación no verbal, por debajo del lenguaje. Expandí mi vida gracias a ella. Al propio tiempo, como vivía en este mundo, no quería emplear el lenguaje igual que mi madre. Ella tenía una relación curiosa con las palabras: cuando una palabra no le servía o no poseía la fuerza suficiente, sencillamente inventaba otra, y esas palabras inventadas pasaban a formar parte del lenguaje familiar, y ay de aquel que las olvidara. Pero creo que mi madre me enseñó algo más… que había un poderoso mundo de comunicación y contacto no verbal entre las personas, un mundo que era absolutamente esencial y había que aprender a descifrar y a emplear. Uno de los motivos de que me costara tanto hacerme mayor fue que mis padres, y en particular mi madre, siempre esperaban que supiera lo que sentían, mi madre esperaba que lo supiera sin necesidad de decírmelo. Y a mí me parecía natural. Mi madre esperaba que lo supiera todo, aunque no se lo hubiera oído decir…

Y éste es el párrafo completo donde queda inserta su famosa frase “las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo:

“A las mujeres se nos ha enseñado a hacer caso omiso de nuestras diferencias, o a verlas como motivo de segregación y desconfianza en lugar de como potencialidades para el cambio. Sin una comunidad es imposible liberarse, como mucho se podrá establecer un armisticio frágil y temporal entre la persona y su opresión. Mas la construcción de una comunidad no pasa por la supresión de nuestras diferencias, ni tampoco por el patético simulacro de que no existen tales diferencias.

Quienes nos mantenemos firmes fuera del círculo de lo que esta sociedad define como mujeres aceptables; quienes nos hemos forjado en el crisol de las diferencias, o, lo que es lo mismo, quienes somos pobres, quienes somos lesbianas, quienes somos Negras, quienes somos viejas, sabemos que la supervivencia no es una asignatura académica. La supervivencia es aprender a mantenerse firme en la soledad, contra la impopularidad y quizá los insultos, y aprender a hacer causa común con otras que también están fuera del sistema y, entre todas, definir y luchar por un mundo en el que todas podamos florecer. La supervivencia es aprender a asimilar nuestras diferencias y a convertirlas en potencialidades. Porque las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo. Quizá nos permitan obtener una victoria pasajera siguiendo sus reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio. Y esto sólo resulta amenazador para aquellas mujeres que siguen considerando que la casa del amo es su única fuente de apoyo”.

¿Se puede decirmás? Lorde llega a lo más profundo del asunto. No cuestiona el contenido únicamente sino el continente entero.

1.1. No ni ná… La necesidad de superar los binomios para entender Andalucía

Cada persona llega a cuestionar el conocimiento desde un punto de partida diferente. Reconocer cuál es el nuestro resulta esencial. El mío fue la irreverencia como supervivencia ante una rabia de clase. Luego vino el feminismo (o los feminismos).

Ahondando más aún, mi escuela dentro del feminismo fue el análisis de los discursos cotidianos, de los lenguajes, palabras y “guiones” desde los que nos comunicamos. Me interesaba saber cómo construimos mundos desde lo que decimos pero también desde lo que callamos. Qué decimos. Qué no. Cómo nos adiestra el lenguaje en la propia norma.

Pero también qué huecos dejan en el sentir y en el alma la ausencia de referentes: qué efectos produce tenerlos y qué estrategias tenemos para abordar aquello que se calla. Dicho de otra forma, ¿cómo nos afecta tener dolores que no tienen nombre? Y en caso de tenerlos ¿cómo nos afecta que sean verbalizados bajo un único esquema que se impone? ¿En qué espacios callamos unas formas y hacemos aflorar otras? ¿Por qué, por ejemplo, en un espacio público como la Universidad mi acento andaluz se siente acorralado? ¿Por qué se acalla?

Me interesaban los puntos de vista que adoptamos para conocer y entrar al conocimiento y a nuestra verdad: cómo de justos son esos puntos de vista, cómo de injustos. ¿Son limitados cuando queremos construir feminismos diversos? Mi conclusión es que tanto forma como contenido van de la mano y que el contenedor, a menudo, es más presente y nos pasa más desapercibido que el contenido.

Como no quiero dejar de poner ejemplos prácticos de cuestiones que te pueden resultar muy metafóricas, te pongo un ejemplo. En la Historia oficial (esa que estudiamos en el cole) se valoran los actos heroicos. Las feministas queremos incluir a las mujeres en la Historia y eso sería generar nuevos contenidos y referentes.

Si lo hiciéramos sin cuestionar el guión de la heroicidad, de qué se ha considerado heroico a lo largo de la historia, no estaríamos cuestionando el contenedor: sólo en contenido. Si incluyéramos en esa supuesta nueva Historia únicamente a las mujeres que han protagonizado actos considerados heroicos a imagen y semejanza de la heroicidad del masculino genérico, ¿realmente estaríamos siendo incluyentes o estaríamos ampliando el espectro del discurso único? ¿Por qué hay personas con lasa que nos hemos criao que nunca aparecierían en esos libros y en esas historias? ¿Puede una folclórica formar parte de la Historia de un pueblo? ¿Una persona de la calle ser considerada intelectual? ¿Nos atreveríamos a escucharla o nuestros esquemas clasistas y demás nos lo impiden?

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Foto. Montaje del proyecto de feminismo andaluz “Como vaya yo y lo encuentre” en el que se mezcla el saber hegemónico con el que históricamente ha sido denostado

Los guiones pre-establecidos y el mecanismo desde el cual nos permitimos pensar y ser pensadas está lleno de elementos discriminatorios. Y el lenguaje y el guión de este sistema machista es binómico y excluyente de base. Es decir, nos hace contemplar la vida desde dos únicas categorías contrapuestas: mujer u hombre, pobre o rico, arriba o abajo…

La realidad es diferente. Por ejemplo, la riqueza de nuestro día a día nos permite saber que una persona que ha sido empobrecida en lo económico puede ser rica en muchas otras cosas. Pero los pensamientos hegemónicos no nos dicen eso. Consideran más bien que una persona pobre se define como “una pesona que no es rica” únicamente en términos de poder económico. Su existencia es una negación. Una otredad.

El pueblo es más sabio y solemos responder a estas formas impuesta de ver el mundo con frases del tipo “una cosa no quita la otra“.

En definitiva, nada de lo que estoy diciendo ha sido dicho ya por las teorías críticas del lenguaje. Como haría falta un curso entero para esto, no voy a entrar ahí porque creo que, en el fondo, lo que os quiero explicar, pertenece al ámbito de lo cotidiano. Y es desde ahí donde me gusta construir.

La cuestión es que, si lo que queremos es generar realidades menos asfixiantes y más justas con la diversidad real que habita las calles, los pueblos y las barriadas, debemos generar discursos que hagan justicia a quienes siempre han sido excluidas de esos binomios.

Es necesario desenmascarar esos procesos y esos esquemas excluyentes con los que nos manejamos y ver la riqueza en todo aquello que Simone de Beauvoir hubiera llamado “otredad” (cuánto le debemos a este término).

Es decir, ver la riqueza en aquellos elementos que suelen ser infravalorados en esa combinación de palabras que hacemos: frente al rico-pobre (qué me tiene que aportar el pobre), frente al éxito-fracaso (qué me tiene que decir el fracaso), frente al norte-sur (qué me tiene que decir el sur).

Qué me tienen que decir los términos que son percibimos como menores que otros: aquellos que esconden la esencia de quienes sufren discriminación y despojo.

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Foto. Otra frase importante de Simone de Beauvoir. Es broma. No te enfade.

Desde mi punto de vista, una de las cuestiones principales a la hora de hacer un acercamiento a una posible teoría-práctica(sinbarra) sobre feminismo andaluz sería: ¿Dónde están las entretelas y los “enmedios” en esta forma de producir conocimiento tan limítrofe, tan de términos cerrados que no se contagian los unos de los otros?

Y de eso, dejad que os diga, saben más las andaluzas de clase obrera que estuvieron antes que nosotras, que nosotras. Por algo llevan años y años cultivando un lenguaje distinto al binómico: el de la costura, el de tejer… el de mezclar y reciclar varios textos al tiempo, varias formas de entender el mundo sin enfrentarlas, sin ser un pespunte más que otro.

¿Podemos acercarnos a una cultura como la andaluza –tan llena de estos espacios intermedios- desde un lenguaje y una forma de ver el mundo tan binómica?

Andalucía está llena de entretelas, de mezclas, de paradojas (y no sólo por el rebujito)… Os pongo algunos ejemplos:

  1. El grito de una mujer andaluza en la calle llamando a su hija: “Laura!!!!!!!! Sube pa arriba!!!!” ¿Me explicáis aquí dónde está la lógica argumental?*

*Julia Uceda, una gran poeta andaluza dijo una vez que lo que Andalucía le había dado es el gusto por el habla, que ésta era una tierra en la que se hablaba mucho (lo veremos más a fondo en el tema del poderío).

Por ello, entendemos que para una mujer andaluza –acostumbrada a comunicar mucho- salir a la calle a gritar sólo “¡sube!” le sabe a poco. “Pa arriba” es sólo una coletilla “musical” para cerrar con más fuerza una frase y hacer más hincapié en la orden y en el acto comunicativo. Es sólo una valoración que hago. Es una forma de expresar “la forma y la sonoridad y la potencia de mi voz importan esta cultura”.

Sube pa arriba, por tanto, no es una redudancia en Andalucía. Es una expresión cultural. ¿Me seguís? Todas a la vez no que me cago.

  1. El “noniná” o la triple negación para expresar “que sí, que mucho sí, que por supuesto que sí”. Ejemplo,

-¿Vas mañana a la verbena?

-No ni ná… (¡claro que voy)!

Reducir estas riquezas expresivas a una mera cuestión de analfabetismo, además de no tener nada que ver con eso (el analfabetismo es una cosa mu seria), es leer el rico lenguaje de esta tierra (el expresado con la voz y el expresado con el cuerpo) desde un idioma extranjero, incapaz de llegar al sentir del pueblo andaluz.

Esta forma de entender el mundo esconde toda una riqueza cultural que encierra sus raíces en los dobles sentidos. También su supervivencia. Podemos buscar el origen de esta forma de entender en mucho en muchísimas fuentes pero nos basta con saber que la cultura andaluza existe: es un hecho y no una anécdota histórica. Mucho menos algo que hay que superar.

Si entendemos que existen más de una formas de entender y descifrar el mundo y seguimos analizándolo todo desde el lenguaje binómico hegemónico, ¿cómo clasificaríamos cuestiones tan políticas y lúdicas de esta tierra como el Carnaval de Cádiz, por ejemplo? Si nos obligan a clasificar en una única definición este fenómeno, ¿cómo lo haremos? ¿Es el carnaval una acción política? ¿O es una acción lúdica? ¿Puede ser dos cosas a la vez bajo un lenguaje que te obliga a elegir entre dos cuestiones?

Y si pueden ser las dos cosas a la vez, ¿por qué un pueblo que vive su fiesta como forma política sólo es percibido desde lo lúdico? Porque el pensamiento binómico es reduccionista y hace su clasificación al igual que los casinos hacen sus bingos.

En una acto popular de este sur local, no pasa solo una cosa. De hecho, ¡estás pasando muchísimas cosas al mismo tiempo! La pregunta sería de nuevo, ¿por qué no lo vemos si nos va a explotar en la cara?

3. La “popularización” de absolutamente cualquier proceso impuesto al pueblo andaluz. Esto está irremediablemente relacionado con lo anterior. La capacidad de transformar y hacer bajar a la tierra y a las gentes incluso algo tan doloroso como el machaque nacionalcatólico que Andalucía lleva sufriendo durante siglos. ¿Cómo se puede reducir la expresión religiosa andaluza, por ejemplo, a una práctica católica? Si analizamos Andalucía desde ese binomio, jamás alcanzaremos a comprenderla.

El pueblo andaluz ha tenido que ver cómo sus costumbres y sus creencias se iban cambiando por otras dependiendo de la cultura que imperaba en ese momento pero siempre ha sabido transformar y resignificar para que no se lo quitaran todo. Ha sido importante en generar transgresión en torno a esos símbolos. Observemos la obra de Costus (incluso foto de su serie El valle de los caídos), por ejemplo, Martirio y Ocaña.

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El Valle de los Caídos es una obra que puedes ver en la Sala Ecco de C´ádiz. Es exposición permanente.

No ver al pueblo y su huella en estas manifestaciones. Su resistencia, su necesidad de habitar lo que está en medio para que, al menos, algo sobreviva, es no poder acercarse con justicia a la historia de Andalucía.

Mi posicionamiento es que en Andalucía no existen binomios tan marcados. No existen por lo general en el asfalto de las realidades pero aquí, si cabe, menos.

No vivimos (aunque obviamente esto está cambiando) la realidad partiendo nuestra vida en pedazos: personal-laboral, calle-casa… Tenemos el arte de rebujarlo to. Nos cuesta partir nuestro cuerpo por partes. Las calles de las mujeres obreras en bata tiene mucho de no haber llegado a ese ridículo de las dobles caras, de vivir bajo la apariencia.

Cuando hablo de “bata” estoy hablando de la bata de invierno. La que nos ponemos para no pasar frío en casa. Durante mucho tiempo he hablado de esa bata y creo que se ha confundido con la batita, que es otra cosa.

Además de buscar la causa de la bata en las prisas y en la carga de trabajo en estas mujeres, también hay mucho de esto detrás de estas iniciativas. Históricamente en Andalucía el barrio ha formado parte de la casa. Las vecinas son como parte de una familia que no se espantará por verte en bata en la tienda.

El carnaval de Cádiz es claro ejemplo de ello. Es pura política entendida como la entendemos aquí: una fiesta, una creatividad, un derecho a hablar, una reunión, una calle. Es serio con risa, denuncia con broma… ¿Cómo si no hubiéramos podido evitar tanta censura?

Los discursos hegemónicos (platónicos, categóricos…) miran esto y dicen, “¿dónde lo meto? ¡Ea! Pues en lo lúdico”. Porque hay que meterlo en alguna parte para que esta peña entienda este mundo. Y así las personas andaluzas hemos sido percibidas como los seres menos políticos del estado español y los más fiesteros en siglos. Pero es que la fiesta en Andalucía es resistencia, es una forma de articular la alegría que quisieron quitarnos y de generar mundos distintos. Es resiliencia que es la capacidad que se tiene para superar hechos traumáticos una y otra vez. Y la forma de hacerlo aquí entraña una alegría por supervivencia.

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LECTURA RECOMENDADA: Cuando las andaluzas celebran su santo

1.2. Feminismo + Andalucía= ¿Rebujito inesperado?

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¿Es necesario reivindicar la cultura andaluza? Andalucía vive una situación de precariedad junto a otras comunidades autónomas del estado español como Murcia, Extremadura o Canarias con las que compartimos opresiones aunque de manera diferente.

El enfoque diferencial a mí me parece fundamental para identificar procesos y poder, también, darles la vuelta.

Por ejemplo, el proceso por el que ha pasado Andalucía ha conllevado una hipervisibilización cultural. Errónea e interesada de lo que somos. En territorios como Murcia, ha ocurrido un fenónemo contrario. Es un territorio excluido de la visibilización. Condenado a que les hagan creer que no han aportado nada a la Historia.

Independientemente de los orígenes históricos y los diferentes momentos clave que llevan a esta situación, lo que sí podemos afirmar es que ha existido un intento histórico de homogeneizar la idea de España acabando o reduciendo a lo popular (y entendiendo lo popular como deshecho) formas diversas de entender el mundo que suponen un universo en sí mismas.

A grandes rasgos, podemos decir que Andalucía no es una expresión cultural de algo llamado “España” sino que es la Marca España la que se ha nutrido de culturas que pueden contar su hitoria desde su propio devenir. Un intento de unidad que hace agua por todas partes.

Defender las diferencias culturales dentro del estado español y marcarlas como resistencia al imposición de una única mirada y una única verdad tiene sentido en la medida en que el territorio ha sido construido a través de estas dinámicas.

La escritora y poeta andaluza Olalla Castro insiste también en esta idea en el esta entrevista:

“El hito histórico conocido como Reconquista es responsable de esta pérdida de memoria. Durante la parte final de este proceso se exterminó y expulsó al pueblo andaluz, entonces llamado morisco, de su propia tierra […]. Así surge el latifundismo y el problema andaluz de la propiedad de la tierra que llega hasta la actualidad”. Para Castro es la nobleza terrateniente la encargada de reprimir los numerosos intentos de rebelión del pueblo andaluz y los distintos movimientos soberanistas: la llamada Conspiración del Duque de Medina Sidonia de 1641, la Junta de Andújar de 1835, la revolución cantonal de 1873, la Constitución de Antequera del siglo XIX, así como el nacionalismo andaluz de finales del siglo XIX y principios del XX. Castro también sostiene que en la centuria pasada esa misma nobleza y burguesía dominante apoya y refrenda el golpe de Estado franquista y se encarga de silenciar relatos como el asesinato de Blas Infante en el 36, las movilizaciones campesinas y la reclamación de la reforma agraria, la resistencia antifranquista o el movimiento maquis en Andalucía”.

¿Por qué es importante repensar el lugar que ocupa la cultura andaluza en nuesto imaginario colectivo? Por varias razones:

  1. Porque Andalucía recibe descalificaciones sistémicas y constantes a causa de su situación de precariedad que difícilmente nos permite verbalizar nuestra situación. Por ejemplo, se nos acusa de ser un pueblo acomodado en su escasez (¿escasez? Desposesión de su abundancia más bien). Reducir así nuestra situación económica pretende tapar todo un proceso cultural por el que ha pasado el pueblo andaluz: de invisibilización y negación de su propia cultura. Al esconder estos procesos históricos, se niega la posibilidad de bucear en causas sistémicas.
  2. Porque visibilizar que la cultura andaluza es distinta y que en el estado español conviven varias al tiempo y no negar este hecho, permite dar nombre a un choque cultural existente. Si reconocemos que también existe un choque cultural con la llamada “España” reconoceremos muchos de los procesos internos que sufrimos, a los que no se nos permite poner nombre. Por ejemplo, esa sensación de estar entre dos culturas cuando nos movemos a otros territorios de nuestro propio estado. Recordad la introducción del curso: la frase de Rosa López. Lo veremos en el bloque dedicado a la andaluzofobia.
  3. Porque dar valor a las diversidades culturales en un proceso hegemónico que intenta imponer un punto de vista nos da herramientas para dejar de sentirnos ilegítimas ante el discurso. Usar todos esos insultos que recibimos y darles la vuelta y decir que forman parte de una cultura colectiva nos da herramientas para enfrentarlos pero también nos ayuda a sanar este complejo de voz chiquita que nos han impuesto. Nos empezamos a sentir con el derecho de reivindicar todo aquello que ha sido históricamente denostado como nuestras formas de entender la calle, los tiempos, el cuerpo, la vida…

Lo siguiente que nos vamos a preguntar es

¿Por qué decido hacer esta contextualización andaluza desde el feminismo? Porque el feminismo, que ha logrado colocar en el centro del debate la situación de precariedad de muchas mujeres en el mundo poniéndola en relación directa con el heteropatriarcado y la misoginia y acuñando expresiones como ‘feminización de la pobreza’, podría y puede desde su mirada y su “cuestionar lo incuestionable” arrojar luces a esta situación del Sur del Estado español.

Puede hacernos ver, como ha hecho con las mujeres, que la precariedad de esta tierra tiene un origen sistémico que va más allá de la voluntad individual por querer cambiar. Al hablar de feminización de la pobreza y dar un contexto a ello, entendemos que existen discursos que hacen que esto esté ocurriendo. Discursos que incluso culpan y estigmatizan para no responsabilizar al sistema y sus patrones sobre lo que ocurre.

Por otra parte, porque hablar de Andalucía desde los conceptos y las ideas que se han dado bajo los paraguas feministas da nombre a muchos fenómenos que nos ocurren. Andalucía, como la historia de las mujres, ha visto negada su aporte, su cultura y su contexto. Conceptos como “otredad”, “conocimiento situado”… y otros pensamientos que se han dado desde el pensamiento y la práctica feminista, nos ayudan muchísimo a llegar a las entrañas de esto. Esto no quiere decir que no existan otras forma de llegar. Pero, si Andalucí, como decía Ocaña es Matria; a las mares se las ha violentao y mucho. Y desde los feminismo podemos acercanos desde esa denuncia previa.

No contextualizar nuestra situación con respecto a la de otras latitudes del estado español y leer nuestra cultura desde una mirada que no tiene que ver con nuestras formas de entender el mundo es revictimizante y no nos deja absolutamente ningún margen de ORGULLO y ACCIÓN.

Así que vamos a darle caña a esto MARICARMEN.

¡Cambiemos la mirá!

1.3. Feminización de la pobreza, “andaluzación” de la precariedad

Ya hemos hablado de dos elementos claves para entender la cultura andaluza. Pora parte, su relación con los sentidos (sentíos de aquí en adelante). Por la otra, la dificultad de acercarse a esa forma de entender el mundo desde esquemas binómicos.

Digamos que, de entrada, hemos visto ya aquí que Andalucía habla su propio lenguaje y que, al igual que no podemos descifrar otras culturas desde nuestra mirada única sin poner sobre el papel que lo estamos haciendo desde una mirada y un lenguaje externo, no podemos hacerlo tampoco con Andalucía únicamente por creer que en el estado español todas las culturas son una sola. Y voy a insistir más en esta idea porque me parece relevante.

Entender que la situación precaria de Andalucía (muy diferente al de otras comunidades autónomas del estado español) responde a un proceso histórico propio y distinto es clave -como ya dije arriba- para poner en contexto su situación y no acabar pasándole todo el peso de la responsabilidad al pueblo andaluz. Dicho de otra manera, el pensamiento para asegurar que Andalucía es culpable de su precariedad suele ser el siguiente:

  1. Afirmamos que España es una unidad en todos los sentidos.
  2. Accedemos a las cifras de precariedad, analfabetismo, paro y sueldos (entre otros parámetros) de las diferentes comunidades autónomas del estado español y llegamos a la conclusión de que la situación de Andalucía es mucho más precaria que la de, por ejemplo, Aragón o Castilla y León.
  3. Afirmamos que el pueblo andaluz no está haciendo lo suficiente para estar a “la altura” de las otras comunidades autónomas y generamos estigmas sobre él reforzada por los valores de la meritocracia. En resumen, “si aquí todos los territorios son tratados por igual. Si todos son iguales… la culpa es de quien lo hace mal”. Se deposita la mirada en el factor individual y no en el colectivo.
  4. Realizamos la afirmación anterior porque, si España es una, esto implica entender que todas las comunidades contamos con la misma historia y recursos y que, por tanto, lo único que hace que un territorio “avance” y otro no es su acción individual ante estos recursos.

Reconocer que las historias de las comunidades y de los pueblos del estado español son distintas y no iguales nos ayuda a buscar un porqué a nuestra situación de precariedad.

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*Os enlazo el Informe de estado de pobreza de Andalucía 2020. Parte de este Informe dice:

Andalucía ha sido la comunidad autónoma que ha sufrido con mayor intensidad las consecuencias de la crisis y de la evolución del decenio. Desde el año 2008 su tasa AROPE se incrementó en seis puntos porcentuales, lo que tuvo como consecuencia la creación de un total de 612.000 nuevas personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social. En total, en el año 2019 Andalucía registra 3,17 millones de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social. En la actualidad, las tasas AROPE, pobreza, PMS y BITH son superiores a la media nacional en porcentajes que oscilan entre el 26 % y el 67 % y muy superiores a las que tenía al inicio del período. A continuación, se analizan los indicadores en detalle.

Y aquí el Estudio sobre la pobreza y la exclusión social en Andalucía

En los estudios feministas esto lo vemos muy claramente. No podemos, por ejemplo, afirmar que la situación de las mujeres en el mundo es más precaria porque no hemos hecho lo suficiente. Reconocemos que las mujeres no pueden estar en igualdad de condiciones cuando han sido exluidas de la Historia oficial, consideradas seres inferiores durante siglos debido a una mirada concreta que decidía qué sí y qué no era válido.

Reconocemos que, aún hoy, cobramos menos por los mismos trabajos, que nuestras cargas son mayores, que no podemos competir ni emprender en equidad no sólo porque nuestro acceso al dinero y a la tierra no haya tenido reparación histórica, sino porque nuestra autoestima lleva mermada siglos y la autoestima es clave para avanzar en el cansino mercado competitivo…

¿Qué pasaría si nos saltáramos toda esa parte de la historia, toda esa argumentación y simplemente afirmáramos que las mujeres son más precarias que los hombres? ¿Cuáles serían las opiniones sin estos contextos? Algunas repuestas serían: pues que trabajen más, pues que se lo curren más, pues que se adapten al sistema… De hecho, son las opiniones que circulan. Lo mismo ocurre con Andalucía. Si entendemos los territorios como cuerpos e identidades que devenires concreto, podemos someterlos a estos análisis que buscan explicación.

Entender como hacemos en el feminismo que las situaciones de precariedad tienen un contexto de discriminación al fondo, nos ayuda a encontrar claves no revictimizantes para con los pueblos y las identidades oprimidas o en situaciones de vulnerabilidad. ambién nos ayuda a empezar a indagar en la relación entre privilegios y territorios o contextos de vulnerabilidad y territorios. Incluso a entender que algo que hemos dado por homogeneo como el sentir de pertenecer a una clase obrera, también presenta diferencias según contextos. Por ejemplo, no es lo mismo venir de un pueblo con tradición de trabajo en las fábricas donde el intercambio monetario se da por hecho, que que tu primer contacto con el trabajo sea el realizado en latifundios donde la relación establecida era entre “amo-sirvienta”. Sí sí! He entrevistado a mujeres andaluzas a las que se les obligaba a llamar así a los señoritos cortijeros.

En definitiva, la realidad que brota de un lugar es diferente al del otro. Y estas cosas, se arrastran. ¿Podría implicar esto, por ejemplo, que en Andalucía demos menos valor a nuestro trabajo? ¿Que nos cueste más identificar el valor propio simplemente porque el intercambio económico ha sido nudo. A base de expotación o incluso a cambio de nada?

Hago un pequeño inciso aquí para recordar la historia que me contó una vez Mari Ángeles, una mujer granaína. Decía que a su madre, una mujer de un pequeño pueblo de Granada, la llamaban de las casas para hacer algún trabajo puntual. Una vez, siendo ella además muy joven, la llamaron para encalar toda la fachada de una casa bastante grande. Estuvo yendo varios días, y cuando el trabajo se finalizó, lo que le dieron a cambio fue una telera de pan. Me contaba que a veces, incluso, daban por sentado que no le iban a pagar.

El acuerdo comercial quedaba como en el aire. La perosna que lo necesitaba, necesitaba confiar. Y la otra, simplemente, explotaba y se reía de ella. Es muy doloroso entender esto porque estoy segura de que muchas lo hemos presenciado y vivido.

Estas historias se quedan por dentro. A mí, por ejemplo, me produce mucha violencia interna las propuesta laborales que no me mencionan el pago. Y, cada vez que ocurre, siento que todo esto está detrás de la indignación que siento. También es verdad que mucha gente esperó que trabajara gratis y además creo que esto tiene que ver con el hecho de que soy andaluza.

A continuación un ejemplo de cómo dar a conocer la historia de los territorios ayuda a visibilizar sus problemáticas.

¿Cómo se compite en equidad cuando tu punto de partida -e incluso histórico- es otro?

1.4. El ejemplo de Jerez de la Frontera

Hay tantas realidades escondidas,
ocultas por la niebla de las horas sin tiempo.
Hay una, dos palabras, millones de palabras
que esperan la sorpresa de unos labios.
Pájaros que no encuentran
la mano, casi rama,
que les señale el nido,
Hay murmullos sin bosques
para aquietar sus lenguas divididas;
calles sin ese árbol
que les siembre una antorcha
de amarilla nostalgia,
ríos preguntando un cauce,
mares, que no descubren, eterno, un horizonte,
con la antigua sospecha de sus olas.
Vientos desheredados, sin refugio,
en busca de veletas y balcones
donde dejar su aliento y su llamada.
Estrellas sin un cielo
para clavar su asombro errante y mudo.
Hay caminos perdidos,
que ignoran el destino de sus pasos.
Y hay corazones que se quedan solos,
llama encendida, nombres sin respuesta,
suplicando a la vida.

Hay voces en la tierra
recorriendo esperanzas.
Puente de Soledades de la poeta Elena Martín Vivaldi (Granada, 1907-Granada, 1998)

Si os dais cuenta, en ningún momento me estoy moviendo del ámbito del discurso. Estamos hablando de verbalizar historias o silenciarlas: contextualizarlas o no, buscarles un hilo del que tirar o decir que las cosas son así por responsabilidad personal. Si verbalizamos que una situación de vulnerabilidad tiene una historia, damos una base para cambiar la autoestima mermada, encontramos un porqué a esa situación. Si lo silenciamos, si no se menciona, negamos el contexto, NEGAMOS EL PORQUÉ.


Cuando una trabajadora del hogar andaluza expresa y dice “me duele el alma”, ¿qué está diciendo? Seguramente un sinfín de cosas que no se han verbalizado y que tienen que ver con su posición vital en la casa, su vida, el mundo… ¿Si dejamos de pensar que ese término no tiene cabida en el lenguaje, aunque sea aproximado? ¿Cuál sería su listado de quejíos? ¿Cuál su traducción?


Somos las historias que nos han contado y las que nunca nos han contado, las palabras y los silencios… Nos afectan las unas y las otras. Las que nos cuentan generan referentes (tanto para seguirlos como para tener claro que no quiero ser eso), generan caminos, generan también puntos de partida, espejos. Generan, lastimosamente y como decimos, a menudo caminos no muy diversos: cambiamos las temáticas pero solemos repetir patrones. La prenda de ropa tiene un color distinto. El patrón, a veces, es el mismo.


Solemos caer en eso que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie llama “El peligro de la Historia única”. Podemos llamarlo también la “historia hegemónica” que puede tener múltiples apellidos: masculina, cis, hetera, clasista, blanca, occidental, urbanita, adultista… El patrón de la historia única lo mencionábamos arriba: lenguaje binómico.

Aquellas historias que no se cuentan, esas porciones de verdad que siempre permanecen en silencio (recordad los silencios familiares en nuestras casas), producen determinados efectos en la vida de una persona. ¿No os ha ocurrido que tenéis un sentimiento y no sabéis de dónde viene? ¿Qué hay de todos esos males que se quedan enquistados en el cuerpo? ¿De aquellos sentires que, decimos, “no tienen nombre”?


Entre las diferentes formas que existen de no tener ni cariño hacia una misma, una de sus causas es precisamente ésta: vivir situaciones, estar en situaciones que no tienen una explicación, que tiene causas que estuvieron años y años en silencio o que se cuentan desde la peligrosa historia única. Y esto es así porque no encontrar un discurso fuera de nosotras que explique esto genera culpabilidad: “si no hay nada que lo explique, ¿soy yo la que está mal? ¿seré yo el problema? ¿estaré estropeá o escacharrá?

Por ejemplo… la peligrosa historia única que se esconde detrás de estos datos, titulares y frases extraídas de noticias de medios de comunicación sobre Jerez:


2. Jerez no sale de la crisis: 12.400 personas dependen de Cáritas
3. 31.000 desempleados
4. 60% de tasa de paro juvenil
5. Cáritas atiende a 27.394 personas
6. 64% de las familias con dificultades

¿Cuál es el contexto?¿Cuál ha sido el devenir de este territorio?, ¿qué personas viven allí? ¿qué parte de su historia no encaja con los discursos hegemónicos? ¿Por qué está ocurriendo esto? Aparte de dar estos datos, poco más se hace. Ninguna noticia lo aborda y esta ausencia de contexto genera culpa en las y los jerezanos.

Mientras tanto, la idea genérica que prevalece es la siguiente: “somos pueblos pobres porque no trabajamos lo suficiente para dejar de serlo”.

¿Qué provoca en la autoestima de un pueblo esta afirmación? ¿Cómo afecta a nuestras vidas, a nuestar identidad, a nuestro día a día? O, dicho de otra manera, ¿qué provoca el silenciamiento de su propia historia? ¿Su propio por qué?

Entre otras cuestiones, provoca que haya pueblos con mucha autoestima y pueblos a quienes se les niega el sentimiento de orgullo. Y esto ocurre por haber depositado toda la valía en cuestiones económicas negando las razones reales por las que unos pueblos tconstruyen su poderío económico, material y simbólico.

Si eres mujer, de orígenes obreros, y ya de por sí perteneces a un hilo histórico discursivo que te ha quitado precisamente esto (tu autoestima), súmale tu pertenecía a un pueblo que tampoco la tiene. Como dice la activista chiclanera y trabajadora social Ana Rosado: “No te suma tu cultura, eres más tonta si eres del sur”.

La periodista, poeta y activista granaína Olalla Castro asegura que las mujeres andaluzas sufren una triple violencia en el Estado: como mujeres, andaluzas y clase obrera empobrecida.

*Consultar el término “interseccionalidad” en el siguiente vídeo.

Nuestro ejemplo –Jerez- está inserto además en otro con los siguientes datos. Esta vez de la comunidad autónoma a la que pertenece:


*Un 37,3% de la población andaluza vive en situación de pobreza y riesgo de exclusión social según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
*El saldo migratorio [balance que existe entre inmigración y emigración en un territorio] resultó negativo en Andalucía en 2015 en 6.338 personas, según la misma fuente. Andalucía es, así, una de las comunidades autónomas que más ha disminuido su número de habitantes por “migraciones internas”.


No se trata únicamente de ausencia de autoestima porque así el pack represor no funcionaría por mucho tiempo. Se trata de autoestima+vergüenza (la que produce la pobreza por discursos que te culpabilizan por ser pobre)+culpabilidad+auto-odio+servilismo.


Servilismo en el caso andaluz entendido en un sentido amplio. Más adelante veremos cómo han sido pintadas muchas mujeres andaluzas en el imaginario español pero también queremos resaltar que por servilismo hacemos referencia a que si los discursos no nos sirven (para tener mayor autoestima, vivir con mayor salud física, emocional, hacer algo con nuestra situación…) somos nosotras las que servimos a los discursos. SOMOS SIRVIENTAS DE LOS DISCURSOS CUANDO ESTOS NOS NOS RECONOCEN. Cuando estos no sirven al propósito de la Justicia Social.


El panorama que hemos recibido sobre Andalucía a través de los medios de comunicación tenía que ver con una sensación de FRACASO. Andalucía era, a nuestros ojos intantiles, esa parte de España que había que superar. Esa parte subdesarrollada que nunca llegaba, que nunca abrazaba lo moderno, que nunca era lo que debía ser.

Los estereotipos menos deseables, encontraban su casa en Andalucía. Andalucía ha sido una de las otredades que España necesitaba para construir su centro. Nuesta identidad andaluza está atravesada por este intento de superar el fracaso en nuestras vidas. Andalucía, como fracaso, ha sido una referencia no deseado para muchas (lo digo sin fomentar la culpablidad en ninguna de nosotras).

Incorporar la mirada territorial, por tanto, para nosotras es un reto. ¿Cómo incorporas aquello que te han dicho que no vale? ¿Cómo incorporamos aquella primera escuela que es la casa y el barrio donde todo el mundo se detuvo para decirnos que no sabíamos de desarrollos y de éxitos? ¿Aquello que te han enseñado a odiar o rechazar? ¿Aquello que no servía cuando te ibas a hacer mayor?

¡Qué diferente es a reivindicar una cultura que todo el mundo da por activa, por exitosa, por dinámica! ¿Qué hay detrás de nuestro supuesto fracaso? ¿Puede para el feminismo ser el éxito capitalista un modelo a seguir? ¿No es en los fracasos a este sistema capitalista donde descansan nuestras resistencias?

*Lectura recomendada: El espacio simbólico de Andalucía en el mapa político español.

1.5. “De la frontera”, ¿qué frontera?


A veces las pistas las tenemos tan cerca, que no las vemos. La mirada está entrenada para el capital y para esa carrera y ese ránking que nos indicaba algunos de los titulares anteriores. Si siempre hay que llegar a alguna parte, la mirada nunca se detiene en lo que tenemos al laíto.

Con Andalucía nos pasa un poco esto: que tenemos que abandonarla, salir de ella por un tiempo para darnos cuenta de todo lo que tiene esta tierra de resistencia. Con el porqué de nuestras historias silenciadas pasa exactamente lo mismo.


¿Cuál podría ser la historia de Jerez que nos cuente lo que ocurre ahí? ¿Qué pistas podemos seguir para rescatarla y afrontarla? De nuevo, las palabras y sus ausencias tienen parte de la respuesta. En esta ocasión, el “secreto” no permanecía en silencio. Es nuestra falta de curiosidad, nuestra ausencia de preguntas y el hecho de que no hemos acomodado a una respuesta fácil lo que impide que nos enfrentemos a los territorios y sus historias de una manera curiosa y creativa. Y es que, ¿alguien se ha preguntado por qué Jerez, Chiclana, Arcos, Conil… se apellidan “de la frontera”?


Los apellidos son una especie de carnet de identidad que a veces nos permiten indagar en los pasados de nuestras historias colectivas. En el caso de las ciudades y los territorios ocurre lo mismo. La resistencias de los pueblos a cambiar el nombre de un edificio o una calle tiene mucho que ver con eso: con resistir a la pérdida de MEMORIA. Y, si no, ¿por qué en Córdoba la ciudadanía formó una plataforma para que la Mezquita se siguiera llamando así ante el planteamiento de cambio de nombre que se hizo desde la Iglesia Católica y que proponía llamarla “Catedral (sin mezquita y sin ná)? El pueblo de Córdoba sabe que borrar el nombre de “Mezquita” es un intento de quitar el legado andalusí de su memoria.


Además, frente a la importancia que le damos a lo urbano y las grandes ciudades, la historia de nuestros propios pueblos no parece interesarnos. Nos han enseñado a no dar importancia a las historias cercanas. Hemos creído naciendo que carecen de valor (que son historias menores) y apenas cuestionamos por qué es así.

En ese discurso de historia única del que habla la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, además de todos los apellidos ya señalados (blanco, heterosexual, de clase alta…) cabría incluir el término “urbanocentrismo” (cosas que pasan en torno a la redacción de este material). La Historia única es urbanocentrista. De hecho, hasta hace poco, la Rae usaba el término rural como sinónimo de “inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas”.Teniendo en cuenta que Asociación para el desarrollo rural de Andalucía asegura que el 90% del territorio andaluz es rural, imaginad dónde deja esta definición a la población andaluza (suma y sigue).

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*Hace poco hice una reflexión en mi instagram precisamente sobre este término. Lo dejo por aquí:

Este rechazo hacia lo cercano, este no ver y no dar importancia a lo que tenemos cerca es mucho más patente cuando hacemos alusión a identidades tan machacadas como las rurales y a cuestiones que nunca han gozado del prestigio social. Lo resume muy bien esa frase de nuestras madres que decía “Como vaya yo y lo encuentre…”. A pesar de que la dichosa prenda de ropa que buscábamos estaba frente a nuestras narices, nunca la vimos porque la gestión de la casa y los cuidados no tiene prestigio social, aunque su valor real sea de proporciones astronómicas.


Lo mismo nos ha pasado con Jerez de la Frontera, Arcos de la Frontera, Conil de la Frontera o Chiclana de la Frontera: que el apellido ha estado siempre ahí y nunca hemos tenido la necesidad de cuestionarlo porque jamás le hemos dado valor a la historia de nuestros entornos más cercanos.

La respuesta es que Jerez se apellida “de la frontera” porque fue, junto con otros pueblos, una frontera castellano-nazarí que estuvo vigente; durante casi dos siglos. Pueblos como Chiclana, Jerez y Arcos eran territorios fronterizos de la llamada “banda morisca” (siglos XIII-XV).

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¿Qué consecuencias tiene este hecho desconocido para prácticamente toda la población jerezana, chiclanera…? ¡Nos sorprendería cuántas! Para empezar estamos diciendo que esta parte del territorio vivió más de dos siglos siendo frontera, lo que dará sin duda un carácter muy personal tanto a su modo de vida como a sus gentes. Estamos diciendo que su carácter tiene un porqué y que su devenir es propio y particular (no igual al de otros territorios). De hecho, las fronteras suelen estar marcadas por los intercambios culturales, la inestabilidad, los vaivenes, la presencia de culturas diferentes (e incluso antagónicas) en un mismo espacio y de expresiones culturales propios de esa relación. Fijaos que el discurso por oposición se empieza a disipar aquí… Y adelantemos pensamiento. ¿No actúa todo el territorio andaluz geopolíticamente como frontera?

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Pero, ¿qué más? Un investigador como es Rafael Sánchez dice: “Si usted traza en un mapa actual la línea de la antigua frontera, se dará cuenta que los efectos todavía son tremendos. En torno a la frontera se concentran las mayores bolsas de pobreza, pero también los espacios naturales más ricos e interesantes. También, como se observa en la Sierra de Cádiz, son mundos que han mantenido una personalidad social y cultural única.

La frontera sigue siendo una enorme cicatriz en Andalucía”.


Insisto y repito de nuevo esta frase: “La frontera sigue siendo una enorme cicatriz en Andalucía”.

Una cicatriz es un lugar donde habitó la herida. Nos habla de procesos que estuvieron allí. La cicatriz nos permite saber que sucedió algo. Las cicatrices a veces son apellidos como “de la frontera”, a veces son sentires que no nos encajan, a veces son una pregunta que nos hacemos para nuestros adentros. Sin duda, son marcas ante las que no nos paramos a veces porque nunca nos han enseñado a mirarlas, a darles un valor. La frontera es una cicatriz que nos señala que algo sucedió ahí. ¿Por qué? De nuevo el silenciamiento que no apunta a un porqué.

La población andaluza nace creciendo que su historia es la Historia de España y la historia de España no recoge que, en su seno, tiene miles de historias distintas. De hecho, últimamente la presencia de las ultraderechas está especialmente reativas ante la posibilidad de reconocer diversidad cultural en el estado español. Y, por favor, defender diversidad cultural no es sinónmo a ser nacionalista. Una mijilla menos de reduccionismo por favor que a veces instrumentalizamos las cosas como nos da la gana.

Admitir esta historia de Jerez supone, por ejemplo, dar un contexto a su situación de precariedad. Reconocer que su devenir (distinto) tiene un origen unas consecuencias distintas a la de otros lugares. ¿Cómo se tuvo que adaptar un territorio fronterizo de cambios constantes y con presencia de culturas diversas a la imposición luego de una cultura castellano-católica que acalló su proceso y le impuso un modelo único económico, social, cotidiano? ¿Cuál será su devenir frente al de otros pueblos que encuentran que, para avanzar, el referente que se les pide se parece mucho más a sus formas, maneras, lenguajes propios?

Al visibilizar estas historias no sólo rompemos el silencio sino que encontramos un hilo del que tirar, una conversación que puede darse para reparar, por qué no, la autoestima de todo un pueblo.

Si la feminización de la pobreza tiene que ver con una historia de desigualdad que durante siglos ha querido ser silenciada, la situación de precariedad de Andalucía tiene que ver con una historia propia que se oculta pero que tiene pistas en las que indagar como, por ejemplo, los nombres de nuestras ciudades que esconden su propia historia. O aquellas partes de nuestras historias de vida donde alguna vez nos hemos sentido impostoras o extrañas. Los espacios que ocupamos, los que nunca hacemos nuestros…


Darnos la oportunidad de conocer los porqués, nos hace acceder a una verdad. Y la verdad que sale a la luz siempre repara algún daño que causó el silencio. ¿Puede Andalucía contar su propia historia desde sus propios lenguajes? ¿Has podido ser a través de tu lenguaje materna? ¿Qué que te lo impidió?

1.6. Una cosa no quita la otra. Andalucía es una hemeroteca de resistencias

La Historia única no lo cuenta todo. Es más… cuenta bien poco. Esto implica que su mirada está sometida a una escala de valores muy concreta. Muy poco diversa.

Sin embargo, la elección del sujeto de la Historia no es inamovible. Existen tantas formas de contar la Historia como miradas hay en el mundo y también es necesario saber que -a pesar de todo lo que nos permite tener acceso a la nuestra- tenemos muchas herramienta para poder generar referentes distintos. Nuestro propio cuerpo es un altavoz que podemos usar para poner en valor lo que siempre se discrimina.

La novela La hierba de Claude Simon tiene, por ejemplo, una interpretación muy diferente sobre qué debe definir la Historia y sobre quiénes deben ser sus protagonistas. El párrafo necesario es el siguiente:


“La Historia no es, como quisieran hacer creer los manuales escolares, una serie discontinua de fechas, tratados y batallas espectaculares y deslumbrantes […] si soportar la Historia (no resignarse ante ella: soportarla) es hacerla, entonces la desteñida existencia de una anciana es la Historia misma, la materia de la que está hecha la Historia…”.

El sujeto histórico de la Historia cambia aquí radicalmente: “si soportar la Historia es hacerla, entonces la desteñida existencia de una anciana es la Historia misma, la materia de que está hecha la Historia.

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Aquí las identidades más vulneradas, los pueblos más castigados, pasarían de estar ausentes a presentes. Si la Historia única está hecha y escrita por quienes generaron la violencia, ¿no deberíamos escuchar qué tienen que decir las identidades y los pueblos que más la padecen? Pueblos tan machacados históricamente como el gitano o identidades tan maltratadas como las de las mujeres, las personas trans, las racializadas… pasarían a ser referentes y maestras.


¿No debería ser éste el foco de un activismo feminista que desea cambiar no sólo el contenido, sino la Historia en sí? Si es así, ¿por qué siempre los pueblos y las mujeres empobrecidas aparecen, por ejemplo, como sujetas de investigación y nunca como fuentes expertas o autoras que generan conocimiento? ¿No son acaso quienes más resisten quienes más saben de resistencia? ¿No sería Andalucía, bajo estas mirada y junto a otros territorios una de las mayores hemerotecas de resistencias en lo referente a la Marca España? Es un mundo en el que los pueblos más ricos son los que ejercen violencia, es un objetivo feminista deseable ensalzar únicamente los conocimientos que se dan en latitudes privilegiadas? ¿POR QUÉ NO PERDEMOS DE UNA VEZ EL NORTE?


La respuesta, una vez más, se encuentra en los patrones de nuestros pensamientos, en las trampas de nuestro lenguaje. Al funcionar por oposición, asumimos que los pueblos pobres son solamente no ricos. Decimos quererlos pero, lo cierto, es que nos resistimos a ver su sabiduría.

Como explica la autora Belén Gopegui en Belén Gopegui en su novela Quédate este día y esta noche:

“Hay una pieza que no te cuadra. Es algo así como que los pobres no son solamente no ricos y su destino no se trata sólo en ser menos pobres sino en que pueden desviarse hacia destinos que, lo admites, no controlas por completo”.

Detrás de los focos de la Historia, existen mil y una formas de hilar y hacer colectividad que han generado aquellos pueblos a los que nunca se les dio importancia. No los vimos porque nunca vemos nada que no esté dentro del esquema hegemónico, histórico y lingüístico.

Es en el resistir de estos pueblos que llevan en su apellido la palabra “fracaso” donde está la base de nuestra futura supervivencia: del mundo sororo que pretendemos construir.

Si Andalucía como tierra precaria puede arrojar mucha luz en la construcción de un sistema que no abraza con éxito el neoliberalismo, las mujeres andaluzas de clase obrera deben ser entendidas como las grandes maestras de su territorio precisamente porque su contexto de mayor vulnerabilidad les ha llevado a buscar salidas no previstas por el sistema.

Si bien no podría llegar a afirmar que sus prácticas no eran antisistema (porque eso supondría afirmar que abrazaban un lenguaje por oposición que ellas siempre han evitado hilar), sí que podríamos atrevernos a decir que eran, son y serán RESISTENCIA.

ALGUNAS CLAVES QUE HEMOS VISTO:

1. Urbanocentrismo. El urbanocentrismo aleja a Andalucía de ser generadora de saber ya que la mayoría de su territorio se consdiera rural.

2. Los estereotipos en torno a Andalucía le reservan el lugar de la otredad. España arroja sobre Andalucía aquellos elementos que no quiere para sí: las chonis, las poligoneras, las limpiadoras encajarán siempre con la identidad que de las andaluzas se tiene. Combatir el estereotipo no pasa, desde mi punto de vista, por decir “no somos chonis” sino por contar la verdadera historia detrás de esos clichés además de ampliar el prisma por el que se nos mira. ¡Vivan nuestras historias chonis y poligoneras!

3. La insistencia de la Hisotria única generada por la Marca España no permite entender la complejidad del devenir de los territorios que lo habitan. Por ejemplo, la situación de frontera de pueblos como Jerez.

4. Repensar aquellos lugares e identidades que se consideran “fracaso” es indispensable para generar un saber feminista territorial andaluz. Andalucía no vale al feminismo por ser exitosa, nos sirve precisamente por generar un modelo de vida “al margen” del sistema. Es su fracaso ante el éxito capitalista lo que nos da ejemplos de resistencia. Si Andalucía fuera próspera desde las dinámicas capitalistas, ¿podríamos hablar de feminismo andaluz?

5. Para la construcción de un feminismo andaluz podemos indagar —no sólo en nuestros discursos diversos— sino también en nuestras propias formas. ¿Tendemos a explicar a Andalucía únicamente desde el lenguaje, por ejemplo? ¿Qué hay de la expresión corporal o de la espiritualidad tan presente en esta tierra? ¿Genera teoría un fandando o un grupo de mujeres alrededor de una copa de picón contando historias? Romper nuestra tendencia a clasificar lo teórico o académico de lo que no lo es también es parte de este viaje.

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1.7. Infografía adelanto de siguientes bloques

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